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Geometría CIUDADANA

España, más normal que Canadá

JOAN TAPIA

Stéphane Dion fue el ministro de Asuntos Intergubernamentales de Canadá que tras el referendo de 1995, en el que los independentistas de Quebec sacaron más del 49% de los votos, planteó tres cuestiones al Tribunal Constitucional e hizo luego la llamada ley de claridad. Como esta región se ha querido convertir en un precedente de la exigencia catalana es interesante saber lo que pasó allí y lo que realmente dice la ley de claridad. Por eso, Federalistes d'Esquerres -una iniciativa transversal que ocupa ya un puesto relevante en el debate político- le ha invitado a dar tres conferencias en España: en la Universitat de Barcelona, en Tarragona y en el Congreso de los Diputados.

El partido liberal ha sido partido de gobierno en Canadá y en Quebec (el famoso primer ministro Pierre Trudeau era quebequés) durante muchos años, pero ahora está en la oposición tanto en Ottawa como en Ville de Québec. Dion se define como un federalista convencido que cree que la independencia siempre tiene costes económicos y que, además, la convivencia entre gentes de culturas diversas enriquece y amplía horizontes. En Quebec, el independentismo surgió porque la mayoría de sus habitantes son francófonos y existe el pensamiento de que la mejor fórmula para defender la lengua y cultura en un espacio geográfico dominado por el inglés (el resto de Canadá y EEUU) es el Estado propio. Pero el político canadiense opina que, pese a todo, la mayoría se siente quebequesa y canadiense por igual. Por eso el independentismo perdió dos referendos pese a que la pregunta era ambigua y sugería que la salida de Canadá no sería total.

En el 2000, los liberales promulgaron la ley de claridad. En Canadá (34 millones de habitantes, 8 en Quebec), las 10 provincias (estados federados) pueden convocar referendos. Tras dos consultas (1980 y 1995) con pregunta alambicada, la ley de claridad estableció que cualquier referendo independentista debía tener una pregunta clara y reunir una mayoría reforzada (más del 51%, pero tampoco el 60%) y que la suficiencia la determina el Parlamento federal. Además, la provincia no podía declarar la independencia unilateralmente, pero el gobierno de Canadá quedaba obligado a abrir la negociación. ¿Por qué no el 51%? Porque solo indica que la sociedad está dividida, no que haya una voluntad independentista clara.

Las excepciones

Le digo que Catalunya no tiene derecho a convocar un referendo y que Madrid asegura que nunca podrá ser independiente si no lo decide el Congreso. Afirma con convicción que Canadá y Gran Bretaña son una excepción y que en la mayoría de países estas cuestiones se abordan como en España. Allí la Constitución permite a las provincias los referendos. Y la posibilidad de pactar la independencia tras la consulta es muy especial. En Escocia se ha dado con un acuerdo que siguió a unas elecciones en las que el independentista SNP obtuvo mayoría absoluta. En muchos países la indivisibilidad del Estado es la regla.

Por eso -sigue-, una declaración unilateral de independencia, no acordada con España, no sería reconocida internacionalmente. El orden mundial se basa en el respeto a los estados existentes. Y en los estados democráticos, los cambios solo pueden hacerse de acuerdo con la ley. Si la independencia fuese fruto de un pacto con España, el nuevo Estado no tendría problemas jurídicos internacionales. Sin acuerdo, sería un paria. Otra cosa es la pertenencia a la Unión Europea, que exigiría una negociación (quizá más corta si la independencia es pactada), pero siempre con la espada de Damocles del veto de cualquier otro estado miembro.

La única vía es negociar con el Estado y aconsejaría -dice no querer interferir- una solución de tipo federal. Y no tiene empacho en asegurar que la primera pregunta de las acordadas por el Parlamento catalán (¿Quiere usted que Catalunya sea un Estado?) no sería admitida en Canadá. Con la experiencia de Quebec, cree que los referendos de independencia dividen mucho y solo deberían convocarse cuando hay conciencia clara de que la población quiere la separación. En esta región de Canadá habrá ahora elecciones y el Partido Quebequés (PQ) ha dicho que solo convocará una consulta si está seguro de ganarla en las condiciones de la ley de claridad. Dion no se lo acaba de creer porque el PQ hizo una ley para evitar las elecciones anticipadas y ahora -cuando los sondeos le son favorables- las ha convocado. Pero confía en que finalmente ganarán los liberales. Tanto el PQ como los liberales son de centro. Quizás el PQ estaba más a la izquierda, pero ahora se han lanzado al populismo (no, ríe, no llegan a Marine Le Pen). Por eso tienen grupos independentistas a su izquierda.

En Gran Bretaña, las cosas se han hecho bien. El independentista SNP tuvo mayoría absoluta en las elecciones escocesas y el referendo fue pactado con Londres. La única sombra es que los nacionalistas han prometido demasiado -por ejemplo, conservar la libra como moneda- y eso en la negociación posterior de independencia podría resultar imposible. ¿Entonces? Silencio... es difícil que el  gane el referendo del próximo 18 de setiembre.