Convulsión en los grandes partidos ante las europeas

El nuevo partido de Ortega Lara aviva el debate ideológico en el PP

Aguirre afea a la actual dirección popular que ahora cuestione al exfuncionario de prisiones

Rajoy teme perder a parte de la derecha por los conflictos con las víctimas y el desafío catalán

Consuelo Ordóñez habla con dirigentes del PP el jueves, en un homenaje a su hermano. A la izquierda, Santiago Abascal, que dejó el PP por Vox.

Consuelo Ordóñez habla con dirigentes del PP el jueves, en un homenaje a su hermano. A la izquierda, Santiago Abascal, que dejó el PP por Vox. / EFE / JUAN HERRERO

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GEMMA ROBLES / Madrid

Hace varias décadas Enrique y Ana popularizaron una canción infantil cuyo estribillo daba directrices para llevar a cabo una coreografía simple: «Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un, dos, tres…» Y ese inocente estribillo es el que utiliza un dirigente popular para tratar de resumir el reproche que, desde hace meses, se le está haciendo en su propia casa política y aledaños a Mariano Rajoy y a su equipo  por sus hipotéticos vaivenes ideológicos. Sean o no reales tales oscilaciones -el presidente y su entorno lo niegan-, lo preocupante para el PP es que una parte de su militancia e incluso de sus cargos sí las perciben: el ala dura popular achaca a Rajoy haber dado la espalda a los principios fundamentales del ideario conservador a raíz del alto el fuego definitivo de ETA y el final de la doctrina Parot, así como falta de «firmeza» para enfrentarse al desafío soberanista en Catalunya. Mientras hay voces que, desde el centro del PP, atribuyen esa «deuda moral» con la derecha la decisión de poner sobre la mesa una reforma tan polémica y retrógrada como la del aborto.

En todo caso, lo que ha hecho saltar las alarmas en las salas de mando de los populares ha sido el desencanto que con sus políticas ha exhibido un colectivo tan sensible como el de las víctimas del terrorismo. Y el nacimiento de un partido, Vox, situado  a la diestra del PP y en el que se ha integrado José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones que fue secuestrado por ETA y que, hasta hace poco, era un símbolo para el PP.

«TENDER PUENTES»  / Por más que el Gobierno ha tratado en las últimas semanas de limar las asperezas con las víctimas, que creen que el PP no ha hecho lo suficiente por evitar las excarcelaciones de etarras, la distancia entre unos y otros crece, afecta al ánimo de algunos cargos conservadores y siembra dudas en una parte de su electorado tradicional. La semana pasada, la presidenta de los populares en Madrid, Esperanza Aguirre, escribió un artículo en Abc en el que ensalzaba la figura de Ortega Lara y recordaba su salida del PP.

«Para el PP [...] tener en sus filas a Ortega Lara es un lujo de valor incalculable. [...] Creo que, a su lado, todos los demás podemos llegar a ser prescindibles. Por eso me dolió enormemente que, en mayo de 2008, por estar en desacuerdo con la línea política del partido en relación con los nacionalismos, abandonara el PP [...]. Y por eso me duele que ahora patrocine un partido que defiende un programa que, en esencia, es igual al que defendemos la práctica totalidad de los que seguimos dentro», decía el artículo.

La expresidenta madrileña fue aún más allá y habló de la sorpresa que le había causado oír a algunos «dirigentes» del PP negar a Ortega Lara la autoridad para opinar sobre nacionalismos o acusarle de irse «a la derecha». «¡Como si defender la unidad de España no fuera un deber de todos los españoles, de derechas, de izquierdas y de centro!», escribió. E  instó a su propio partido a «tender todos los puentes posibles» para recuperar a «eminentes» militantes como Ortega Lara.

Y si significativas son las reflexiones de Aguirre, llamativo es el silencio que mantiene el exministro de Interior Jaime Mayor Oreja, considerado uno de los portavoces más respetados del ala dura (y que logró, por cierto, que en el 2009 Ortega Lara reapareciera en la vida pública para acompañarle en un mitin). En el PP se especula con que  Mayor se mantiene en un discreto segundo plano para intentar que Rajoy le renueve como candidato en las europeas o, al menos, lo lleve en lista

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Los roces del presidente con los más conservadores tienen que ver con una postura ante el desafío catalán que estos consideran «tibia». Pero lo que ha hecho pasar del roce a la convulsión ha sido, principalmente, la distancia que han marcado las víctimas. Si a algunos dirigentes del PP les impresionó que les increparan e insultaran en Madrid en la concentración convocada contra la derogación de la doctrina Parot, a otros les ha «puesto la carne de gallina» oír a la hermana de Gregorio Ordóñez reprochar al PP su actitud.

Hay debate en torno a los principios que deben regir al principal partido de centro-derecha y es probable que se vea en parte en la convención que se celebrará en Valladolid. Convención a la que está invitado José María Aznar, que medita si acudir o no.