El amigo de Tejero que el 23-F anunció la llegada de la autoridad competente "militar por supuesto"

Muñecas fue condenado a 5 años de prisión por su participación en el asalto del Congreso de los Diputados

El teniente coronel Antonio Tejero, pistola en mano, en la tribuna del Congreso durante la intentona del 23 de febrero de 1981.

El teniente coronel Antonio Tejero, pistola en mano, en la tribuna del Congreso durante la intentona del 23 de febrero de 1981. / ARCHIVO

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Jesús Muñecas Aguilar, uno de los dos exagentes de seguridad del Estado que han acudido este jueves a declarar a la Audiencia Nacional bajo la acusación de torturas, es el autor de una de las frases más conocidas de la intentona golpista del 23 de febrero de 1981. Tras asaltar el Congreso de los Diputados con otros 200 guardias civiles al mando del teniente coronel Antonio Tejero, su amigo del alma, el entonces capitán Muñecas se dirigió a los diputados secuestrados desde la tribuna del hemiciclo para anunciarles la inminente llegada de "una autoridad competente, militar, por supuesto", que se iba a hacer cargo de la situación.

Nunca se ha sabido a ciencia cierta quién era esa autoridad militar, el denominado 'elefante blanco', que se iba a dirigir a los parlamentarios ni qué iba a proponerles para resolver el asalto del Congreso de los Diputados y el estado de excepción decretado en la Comunidad Valenciana y Murcia por el teniente general Jaime Milans del Bosch. No obstante, las sospechas generalizadas se dirigieron casi desde el primer momento al entonces general de división Alfonso Armada, que falleció precisamente el pasado domingo a los 93 años y que fue condenado por ser uno de los cerebros del golpe del 23-F. La versión más extendida es que Armada iba a proponerse como presidente de un Gobierno de salvación nacional, en el que participarían políticos de muy diverso color político, pero Tejero no se lo permitió al saber que en la  supuesta lista de futuros ministros del general figuraban socialistas como Felipe González y comunistas como Jordi Solé Tura Ramón Tamames.

Torturas en Euskadi

En Euskadi, Muñecas Aguilar cobró triste fama durante el posfranquismo cuando fue relevado del mando en la localidad guipuzcoana de Tolosa, tras las torturas sufridas por Amparo Arangoa, una trabajadora de Papelera Sarrió de Leiza (Navarra), detenida en abril de 1976. El superior directo de Muñecas en aquella época era Tejero, a la sazón jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Guipúzcoa, de la que depende Tolosa.

A raíz de los interrogatorios a que fue sometida, Amparo Arangoa, que era vicepresidenta del Sindicato de Papel y Artes Gráficas y vocal del Consejo de Trabajadores de Navarra, fue internada por el médico de su pueblo en la residencia Virgen del Camino, de Pamplona, donde los médicos, tras impedir la entrada de la Guardia Civil, que pretendía seguir interrogándola, le apreciaron "hematomas por todo el cuerpo, de gran profundidad en la región glútea, con posible bloqueo intestinal y renal y choque traumático". Su estado fue calificado de pronóstico reservado.

Durante el juicio del 23-F celebrado en 1982, Muñecas respaldó la versión del asalto al Congreso facilitada por Tejero, de quien se ha declarado siempre gran amigo. Cuando, años antes, fue desarticulada la operación Galaxia y se detuvo a Tejero por ser uno de los conspiradores, los diarios pidieron la opinión a Muñecas y éste se negó a hacer declaraciones.

Jinete conocido

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Muñecas es conocido desde hace tiempo en los ambientes hípicos madrileños por su participacion en numerosos concursos de salto, en los que ha obtenido varios galardones. Por eso, su presencia en el Congreso de lso Diputados en el golpe de 1981 fue detectada rápidamente por algunos invitados que le conocían de estos círculos, entre ellos familiares de Leopoldo Calvo-Sotelo, que se encontraban aquella tarde en el Parlamento como invitados a la sesión de investidura presidencial de este.

Aquel 23 de febrero, Muñecas estaba destinado en el Escuadrón de Caballería de la Primera Comandancia móvil de Valdemoro (Madrid), donde reclutó guardias civiles para ir al Congreso. Para trasladarles hasta el palacio de la Carrera de San Jerónimo, preparó un autobús y avisó a los tenientes César Alvarez-Fernández, Vicente Carricondo y Jesús Alonso Hernaiz, que fueron procesados y condenados. Muñecas fue condenado a cinco años y a ser expulsado de la Guardia Civil. Salió en libertad en 1984 y se dedicó a la cría de caballos en un picadero cerca de Madrid.