Víctimas sin siglas

Damnificados de ETA se desmarcan del discurso predominante y aceptan con sentimientos encontrados el fallo de Estrasburgo

Iñaki García Arrizabalaga, en su despacho de la Universidad de Deusto.

Iñaki García Arrizabalaga, en su despacho de la Universidad de Deusto. / VINCENT WEST

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MAYKA NAVARRO / Madrid

Hace dos años que ETA decidió, vencida social, política y policialmente, que renunciaba a seguir matando después de medio siglo de trayectoria sanguinaria. Aún así, cada uno de sus atentados pervive en el corazón de todos, pero especialmente en el de las víctimas que los sufrieron. Los dos años de celebración del fin de la pesadilla se han difuminado esta semana entre las hojas de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra la 'doctrina Parot' y la excarcelación ayer tarde de la etarra Inés del Río.

Un fallo que duele por igual en el corazón de todas las víctimas, pero que en la cabeza de unas cuantas, muchas más de las que en ocasiones parece, existe el convencimiento de que la sentencia se tiene que cumplir, porque es la ley, y porque las víctimas siempre han jugado al lado de los que creen en el Estado de derecho.

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"El corazón y la cabeza van cada uno por un lado. Así me siento". Lo explica Iñaki García Arrizabalaga, profesor de Deusto y al que los terroristas arrebataron a su padre de un tiro en la nuca, esposado a un árbol, la mañana que Iñaki prefirió ir a la universidad en bicicleta y no en coche con su padre. De eso hace 30 años. Y la sonrisa de Del Río saliendo de la cárcel de Teixeiro le pincha en el corazón. "Me duele que gente que no se arrepiente de nada, sino que piensa que los muertos, bien muertos están, salga encima con sonrisas. Pero entiendo también que había que reparar la aberración jurídica en la que nos metió este Gobierno".

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