Moneda soberana única

Vincular la posible independencia de Catalunya a una irremediable crisis financiera por la salida del euro requiere sus matices

Participantes en la Via Catalana a su paso por Barcelona, el pasado 11 de septiembre.

Participantes en la Via Catalana a su paso por Barcelona, el pasado 11 de septiembre. / DANNY CAMINAL

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JOSEP-MARIA URETA / Barcelona

Hasta septiembre del 2012, el discurso económico dominante sobre la inviabilidad de una Catalunya separada de España eran los efectos de la pérdida del mercado comercial natural, por el inevitable --y demostrable-- efecto de rechazo a los productos catalanes por parte de los españoles. No pocos trabajos con aval académico reforzaban estas tesis. Pocos asumían el efecto contrario, pese a que los flujos comerciales son en los dos sentidos.

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La pesadez de amenazar con el boicot ha ampliado el ámbito. Ahora no son los bienes comerciables sino la misma moneda. Con Catalunya fuera de la UE si opta por la secesión unilateral, el efecto automático sería salir de la eurozona. Los teóricos de la independencia catalana aseguran que la intención es mantener el euro como moneda en acuerdos bilaterales con la UE (no es necesaria la unanimidad, el veto español es evitable). Eso sí, Catalunya no tendría presencia en los organismos rectores del euro ni tendría las facilidades de acceso a la financiación del Banco Central Europeo.

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