08 ago 2020

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El órdago por el Estado propio

Objetivo: la consulta

Tras el éxito de la Via Catalana, la carta de Rajoy decepciona a los lectores porque no acepta un referendo

INMA SANTOS HERRERA
BARCELONA

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Decepción («¿Cómo es que no lo entienden? No es dinero lo que queremos, sino dignidad y justicia». Teresa Andreu. Sant Llorenç d'Hortons). Desconfianza («¿Qué garantía tenemos de compromisos firmados por gente como Mariano Rajoy?». Rafael Aguilar. Riells i Viabrea; «Solo los desmemoriados pueden dar crédito a sus promesas. Llega tarde y con el paso cambiado». Jordi Vives. Sant Feliu de Llobregat). Ironía («Aleluya. Al menos ya sabemos el efecto que ha causado en Madrid la Via Catalana». Martí Nogué. Barcelona). No, no puede decirse que la esperada carta que envió Mariano Rajoy a Artur Mas como respuesta a la petición del president de la Generalitat a que se avenga a la convocatoria de un referendo sobre la independencia haya convencido a los lectores de EL PERIÓDICO.

¿Y ahora, qué? ¿Qué deben hacer Mas y Rajoy tras el indiscutible éxito de la Via Catalana?, preguntamos a los lectores. Y decenas de aportaciones después, hay una idea clara: Catalunya debe votar. Varía el cómo (con diálogo o sin diálogo; con pacto o sin pacto) pero no el qué: #volem-

votar es la etiqueta que hizo fortuna en Twitter y es también la postura mayoritaria entre los lectores. «El día 11 el pueblo no salió a hacer la cadena por indicación de ningún partido: escuchen ustedes la voluntad de un pueblo en las urnas», insta  a los dos gobiernos, el de Madrid y el de Barcelona, Manel Tenes, de  Sant Feliu de Llobregat.

DIALOGADA O NO / Incluso entre los reacios a la independencia de Catalunya y entre muchos de los que directamente están en contra de un Estado propio catalán se puede encontrar a muchos partidarios de la consulta. No hay excusas: la idea del derecho a decidir de Catalunya es ampliamente secundada. «En un referendo votamos todos, los que están de acuerdo con la independencia y los que no. Los que mal llaman 'la mayoría silenciosa', también», recuerda Mercè Granja, de L'Hospitalet.

La disparidad de opiniones, decíamos, radica en el cómo hacer la consulta. Para unos, el éxito de la Via Catalana conlleva dos cosas: convocar la consulta de forma unilateral y rápido, en el 2014 («Los catalanes tenemos que seguir nuestra hoja de ruta de hacer la consulta en el 2014», dice Francesc Gibert, de Malgrat de Mar. «La única solución es hacer la consulta con una pregunta clara: '¿Quieres que Catalunya sea un Estado independiente, sí o no?' No es necesario perder más tiempo», urge  Xavier Vidal, de Terrassa. Hay prisa, porque, argumenta Eduard Castro, de Vic, «ya es tarde para hablar de dinero y de pacto fiscal».

RESPONSABILIDAD  Otros, sin embargo, insisten en la vía dialogada: «Tanto el Estado como la Generalitat deben hablar y llegar a acuerdos concretos» (Manuel Alonso. L'Hospitalet de Llobregat). Diálogo que puede darse antes de la consulta --«Ha llegado el momento de sentarse frente a frente y hablar sin extremismos por ambas partes» (Andreu Rul·lan. Palma de Mallorca)- o después: «Primero, convocar un referendo (si hay que cambiar la Constitución, que lo hagan), y luego negociar con responsabilidad, atendiendo a los resultados del referendo» (Enric Roig. Bueu, Pontevedra).

Porque, y esa es otra postura mayoritaria, la Via Catalana prueba que Catalunya ha emprendido un camino sin marcha atrás, un camino que debe desembocar en las urnas, de una forma u otra. Mejor con referendo. «Y si no, elecciones plebiscitarias», dice Jordi Colomines, de Barcelona.  El cómo es un nuevo ejemplo del clásico yin yang catalán; entre el seny y la rauxa.