Una riada amarilla inunda la plaza Catalunya

Una multitud vibra con la Via Catalana en el centro de Barcelona, convertido en una gran fiesta del independentismo

La plaza de Catalunya, abarrotada, durante la tarde de este miércoles.

La plaza de Catalunya, abarrotada, durante la tarde de este miércoles. / JOSEP GARCIA

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DANI SOROLLA / Barcelona

Un silencio lleno de emoción recorre la plaza Catalunya cuando el Cor Jove de l’Orfeo Catalá interpreta el Cant dels Ocells. "Son momentos inolvidables, esto es histórico, histórico", expresa Montse mientras sostiene a su hijo en brazos. Ataviada con una estelada que lleva a modo de capa y vistiendo la camiseta amarilla de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), es una más entre la multitud que se ha concentrado en la céntrica plaza barcelonesa, punto neurálgico de la 'Via Catalana cap a la Independencia', que ha unido a más de un millón y medio de catalanes a lo largo de los 480 kilómetros de la costa catalana.

Más que una cadena, lo que se advierte es una plaza anegada por una caudalosa riada de color amarillo que parece no tener fin. A las 17.14 en punto, llega el momento que todo el mundo está esperando. Una pantalla gigante situada detrás del escenario montado por la ANC avisa de que es la hora de enhebrar la cadena humana. Las campanas de la Seu Vella, que se escuchan a través de los altavoces de la plaza dan la señal. Y la concentración se torna una fiesta. Las manos se entrelazan, y un grito, por encima de todo: "I-inde-independencia!". Las estelades predominan e inundan la manifestación, tanto que apenas se puede distinguir una senyera entre el gentío. En el escenario, una representación de la sociedad civil catalana encabezada por la presidenta de la ANC, Carme Forcadell, se 'encadena' al socaire de los aplausos del público.

Marta se une al clamor. Luce la elástica del Barça con los colores de la senyera, una de las camisetas que ha hecho más fortuna en la jornada. Aún no ha cumplido la mayoría de edad y ha venido con sus amigas. "Mis padres si que se apuntaron pero yo prefería estar por aquí a mi aire", asegura. "No me siento española para nada, quiero que nos dejen ser un país normal".

La pantalla emite un mensaje a favor del derecho a la autodeterminación en el que participan diversas personalidades catalanas que arranca los aplausos de los asistentes. Las intervenciones de Lluís Llach y, sobretodo, la de Pep Guardiola (en alemán) son las más vitoreadas. Uno de los que aplaude es Albert, que ha venido con su mujer y sus dos hijos. Ninguno está inscrito oficialmente en la Via Catalana pero la agitación mediática de los últimos días les ha empujado a acudir. "En un principio no teníamos intención de venir pero mira aquí estamos. No sé como acabará todo esto pero algo tiene que ocurrir, lo que está pasando aquí es una demostración", afirma con un punto de serenidad difícil de encontrar entre los concentrados. Domina la euforia.

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El colofón llega con el discurso de Carme Forcadell, trufado de frases que espolean los ánimos, ya muy enfervorizados, de la multitud. "Somos un pueblo porque lo queremos ser!", exclama tras una pausa dramática obligada por la emoción que la embarga, que naturalmente los asistentes corresponden con aplausos. La prédica de la presidenta de la ANC, en la que deja claro al ‘president’ de la Generalitat, Artur Mas, que no pueden esperar al 2016, termina con el tradicional "Visca Catalunya lliure!", que desata el entusiasmo colectivo.

La cadena humana ha sido un éxito y la gente se retira a su casa satisfecha. No todos, una parte del público, sobretodo los más jóvenes, se queda a disfrutar del concierto de 'Els Catarres'"Esto ha sido la hostia, como no nos escuchen ahora ya no sé que tendremos que hacer", afima Mario. La fiesta del independentismo ha vuelto a superar todas las expectativas.