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MIRADOR

Maniobras, sí, pero de distracción

Rosa Paz

Debe de ser que el caso Bárcenas les tiene desquiciados, porque, si no, es difícil entender la torpe actuación del Gobierno en el conflicto veraniego con Gibraltar, más allá de la publicidad que le está dando la derecha político-mediática en una maniobra de distración para ocultar, precisamente, lo que más interesa a los ciudadanos después de la crisis, el paro y la depresión generalizada, que son las revelaciones del extesorero del PP que investiga el juez Pablo Ruz en la Audiencia Nacional.

Es posible que al Ejecutivo también le interese utilizar el asunto como una cortina de humo, pero incluso si es así no parece razonable que, si el problema surge porque Gibraltar lanza bloques de hormigón al mar y eso impide faenar a los pescadores andaluces, la reacción española sea endurecer los controles en la Verja con el argumento de que en los últimos meses se ha incrementado el contrabando de tabaco. Aderezadas, además, esas medidas con declaraciones como las del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, que es persona conocedora de los intríngulis europeos, sobre que «se acabó el recreo en Gibraltar», que se cobrará un canon por entrar en la Roca y que España recurrirá al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del que Gran Bretaña, por cierto, es miembro permanente.

Mientras aquí se lanzaban advertencias y se voceaban denuncias contra Gibraltar por el perjuicio causado a los pescadores, el daño medioambiental, las gasolineras flotantes, la opacidad fiscal o el blanqueo de dinero, además, claro, de la reiterada reivindicación de la soberanía -en realidad, nada nuevo, salvo el hormigón-, el primer ministro británico, David Cameron, al que también parece venirle de perlas el conflicto, presentaba una queja formal ante la Comisión Europea por los controles fronterizos y por la tasa de entrada al Peñón y dejaba que la Royal Navy fuera marcando paquete por el Estrecho. Si no fuera porque se juega con cosas muy serias, parecería la guerra telefónica de Gila: «¿Está el enemigo? Que se ponga».

Antes que alimentar la escalada de tensión con declaraciones tan extemporáneas como la propia existencia de la colonia -a las que el ministro principal del Peñón, Fabian Picardo, también ha contribuido con ardor-, hubiera sido preferible que el conflicto pesquero se resolviera con el diálogo, que se pidiera al Gobierno británico que retirara los bloques y que, de oponerse, se hubiera buscado la intervención de la Unión Europea, sin esperar a que la queja de Cameron fructificara y, ahora, ya que vienen de Bruselas a inspeccionar los controles y el canon, que investiguen también los bloques de hormigón y el resto de los business de Gibraltar. Hubiera sido preferible, salvo que interese mantenerlo todo como está para usarlo como cortina de humo cuando convenga.