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El pacto del Majestic se llama así por culpa de Gibraltar

Los falangistas obligaron durante el franquismo a cambiar el nombre del lujoso hotel del paseo de Gràcia a causa del contencioso del Peñón

ANDREU FARRÀS / Barcelona

El contencioso en torno a la soberanía de Gibraltar lleva ya muchas décadas siendo usado de socorrida cortina de humo por las máximas autoridades españolas. Si ahora sirve para que las primeras páginas de ciertos periódicos progubernamentales y los sumarios de determinados canales públicos de televisión puedan relegar las malas noticias económicas y sociales, en los primeros años de la dictadura franquista, las bravuconadas en torno al Peñón fueron utilizadas por los propagandistas del fascismo para intentar hacer olvidar las penurias de la posguerra.

Las periódicas protestas que organizaban en aquella época los falangistas contra los representantes oficiales de Gran Bretaña y contra todo lo que oliera a “pérfida Albión” --parecidas a las que el régimen de Rabat aún monta de vez en cuando a cuenta de Ceuta y Melilla-- ocasionó, por ejemplo, que en Barcelona uno de sus hoteles más lujosos tuviera que cambiar de nombre.

En 1918, los propietarios del Majestic Hotel Inglaterra, que se encontraba en la calle de Fontanella al llegar a la plaza de Catalunya --en la finca que luego ocuparía durante décadas la central de Telefónica--, decidieron trasladarse al paseo de Gràcia, en la confluencia con la calle de Mallorca. El hotel amplió el antiguo palacete de Leopoldo Gil y, más tarde, ejecutó nuevas expansiones en fincas adyacentes. Ha sido el establecimiento hotelero que ha dado más prestancia al paseo de Gràcia hasta la relativamente reciente llegada de franquicias del superlujo internacional. Allí se alojaron la reina María Cristina, Antonio Machado, León Felipe, Federico García Lorca, Joan Miró, Charles Trenet, Renata Tebaldi y Josephine Baker.

En 1952, sin embargo, con ocasión de una de estas fases agudas de nostalgia gibraltareña que aqueja a las autoridades españolas desde la firma del tratado de Utrecht, una manifestación de protesta de falangistas en Barcelona culminó con gritos de “¡Gibraltar español!” en el paseo de Gràcia y con pedradas contra la fachada del Inglaterra, que se convirtió en un blanco ideal por lucir precisamente este nombre. El incidente acabó por decidir a la dirección del hotel a eliminar toda referencia británica, como relata Lluís Permanyer en su 'Biografia del Passeig de Gràcia' (La Campana).

Así, el famoso pacto del Majestic, que enlazó durante los últimos años del siglo pasado y primeros de este a la Convergència i Unió de Jordi Pujol con el Partido Popular de José María Aznar, quizá habría recibido otro nombre si el hotel que ha albergado las grandes celebraciones electorales de CiU de los últimos lustros no se hubiera visto forzado a cambiar de denominación a causa de la atávica anglofobia de la extrema derecha española, que de las islas solo salvaría a Margaret Thatcher, otra roca.  

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