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Magdalena Álvarez, 'Mandatela', todo un carácter

La exministra de Fomento ha visto enturbiado su exilio dorado en Luxemburgo al ser imputada en el caso de los ERE

Su arrogancia, desparpajo y el excesivo gusto por la vara de mando cavaron su tumba política

MANUEL VILASERÓ / Madrid

Apenas llevaba unos meses como consejera de Economía y Hacienda del Gobierno andaluz de Manuel Chaves cuando recibió como regalo de Navidad de Cajasur dos gallos de plata diseñados por un joyero cordobés que no le gustaron nada. Sin pensárselo dos veces, Magdalena Álvarez se dirigió al joyero para que se los cambiara por dos marcos de plata de parecido valor. El hombre no salía de su asombro. De nada le valió argumentar que se trataba de un "diseño exclusivo" encargado por Miguel Castillejo, el sacerdote que presidía la caja. No paró hasta que logró hacerse con los marcos de plata.

Puede parecer una anécdota insignificante pero muestra muchos de los rasgos del carácter de esta andaluza nacida en 1952 por casualidad en San Fernando (Cádiz): arrogancia, desparpajo, un gusto insoslayable por la vara de mando quizá heredado de su padre, militar, y mucho apego, demasiado, a las prebendas del poder. Cada una de estas virtudes le causó innumerables tropiezos durante su carrera política. Ahora, su exilio dorado en Luxemburgo se ha visto enturbiado por la jueza Alaya, que la acusa de haber creado el sistema que permitió operar con impunidad a la red corrupta de los ERE de Andalucía.

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