14 ago 2020

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HOMENAJE A UN REFERENTE COMUNISTA

Amigo del catalanismo

Pujol y Montilla presentan el libro que recoge el testamento político de Carrillo

Ambos loan su complicidad con Catalunya

XABIER BARRENA
BARCELONA

De la controvertida figura de Santiago Carrillo se sabe ya todo. Demonio sangriento para los que ganaron la guerra civil y santo (con perdón) para vencedores y vencidos moderados, por su papel en la transición. En un segundo plano ha quedado siempre el ser el amigo del catalanismo en el resto de España. Nótese que, dado el desierto de complicidades que las reivindicaciones catalanistas han tenido siempre y, especialmente, en los últimos años, se emplea el artículo determinado el.

«Pero en la época que vivimos quien piense retener por la fuerza, por la coacción, a Catalunya, quien crea que negar a Catalunya su calidad de nación y como tal el derecho a decidir sus destinos, se equivoca de medio a medio». Son palabras escritas por Carrillo en su último libro, Mi testamento político (Galaxia Gutenberg) que ayer se presentó en Barcelona. Las leyó el expresident José Montilla y a ellas se refirió otro expresident, Jordi Pujol.

Pujol, Montilla y el líder de ICV, heredera del PSUC, Joan Herrera, llevaron la voz cantante en cuanto a la perspectiva política de Carrillo. Los otros dos participantes, el cineasta Pere Portabella y Santiago, uno de los hijos del que fuera secretario general del PCE, aportaron una mirada más personal.

Pujol destacó el papel «moderado» de Carrillo tras la muerte de Franco. «El PCE y el PSUC pueden estar ustedes orgullosos de su historia», sentenció mirando a Herrera, aunque añadiendo, travieso: «pero bueno, ahora sois lo que sois», en referencia al giro ecosocialista adoptado hace lustros por los que fueran eurocomunistas.

Montilla, quien como ministro vivió el debate estatutario en Madrid y como president encajó la sentencia del Tribunal Constitucional del 2010, alabó el papel de puente del asturiano : «Analista lúcido, amigo de Catalunya y el que mejor entendió su carácter nacional» fueron las flores que le lanzó.

Diatriba y confianza

Pujol sí entró en el campo identitario, quizá a empellones, vía pregunta de los periodistas, pero ya puestos, lo hizo a fondo. Preguntado sobre la interlocutoria del TSJC sobre la inmersión lingüística, Pujol enlazó el auto con la sentencia del TC del Estatut. Recordó que varios de los componentes de ese tribunal emitieron el fallo con su plazo de residencia caducado y rememoró las palabras de María Emilia de las Casas, presidenta del TC cuando se emitió la sentencia, en las que señaló que era un tribunal «poco constitucional».

Todo ello llevó a Pujol a una diatriba final: «En España no funciona nada. Ni el Tribunal Constitucional, ni los partidos políticos, ni el Banco de España, ni el Tribunal Supremo, ni las autonomías, ni las Cortes». Y Montilla, miembro -como senador- de esas Cortes, puso cara de Montilla. Más lacónico estuvo al hablar de los escándalos que salpican a su prole: «Confío en un desenlace favorable».