PERFIL

José Castro, el juez infatigable

El instructor del 'caso Nóos' está tan volcado en su labor que siguió revisando el sumario mientras se recuperaba en el hospital de un accidente

José Castro se dirige al juzgado con la Cruz del Mérito Policial en la solapa que recibió en el 2011.

José Castro se dirige al juzgado con la Cruz del Mérito Policial en la solapa que recibió en el 2011. / EFE / MONTSERRAT T. DÍEZ

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MARISA GOÑI / Palma

«¿De verdad necesitáis grabarme?, ¿no tenéis suficiente?»Con resignación, el juez José Castro, conocido como Pepe, acata el veredicto mediático del interés informativo esgrimido por los periodistas apostados a la puerta de su juzgado. Aguanta estoicamente las críticas de quienes le llaman juez estrella, ajenos a sus maniobras para eludir los focos.«¡Va al baño, dejadle en paz!»,suplica su secretaria mientras él se escabulle por la puerta de emergencia. Al regresar, asoma la cabeza y pide con las manos que no se le grabe, pero casi nunca lo consigue. Jamás ha concedido una entrevista. Nunca ha despachado con malos modos a la prensa.«Ya se verá»es el mantra que repite cuando los micros le asedian.

Cada mañana amanece al mundo mirando el Mediterráneo desde la terraza de su casa en el barrio marinero del Molinar. Separado y padre de tres hijos (dos abogados y un procurador), a veces conduce su descapotable hasta Inca, en el corazón de Mallorca, para refugiarse en los brazos de su actual compañera sentimental. Atrás quedaron las motos. Por prescripción médica, las ha cambiado por la bicicleta. Hace unos meses, se fracturó cuatro costillas por un mal golpe en el que se le incrustó el manillar. De su afán por el trabajo supieron en el hospital, donde se recuperó con el sumario deNóossobre la cama. Un buen vino con los amigos y la afición merengue sin estridencias

-acepta las victorias del Barça si juega bien- le distraen a ratos.

Nacido en Córdoba hace 67 años, antes que juez fue funcionario de prisiones. Ingresó en la carrera judicial en 1976 y accedió a la magistratura por el cuarto turno, reservado a juristas de reconocida competencia con más de 10 años de trayectoria. Dos Hermanas (Sevilla), Arrecife (Lanzarote) y Sabadell fueron sus destinos antes de recalar en Mallorca, allá por 1985, a un puesto asignado por la Magistratura de Trabajo. Tras años de bregar con conflictos laborales, en 1990 asumió el Juzgado de Instrucción número 3 de Palma, donde se ha ganado el calificativo de«juez valiente»y la admiración de muchos colegas.«¡Qué bien interroga Pepe!»,exclama un juez. Una apreciación no unánime.«Me ha interrogado como a un chorizo cualquiera»,se quejó hace años un alto directivo bancario de cuna nobiliaria, que no entendía por qué un conflicto financiero menor le obligaba a rendir cuentas.

Tampoco se arrugó ante la otrora poderosa Unió Mallorquina ni ante el editor Pedro Serra para perseguir el desvío de fondos a paredes privadas de cuadros denunciado por el pintor Joan Trujillo. La repentina muerte de este y el cambio de posición de su viuda influyeron en el naufragio del caso. Instruyó con más éxito en elcaso Calvià, donde su seguimiento de la denuncia de un edil socialista, que grabó el intento de compra de su voto para pasar a manos del PP la suculenta alcaldía turística, acabó en penas de cárcel.

Campaña de desprestigio

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Cuando se aproximaba la edad de jubilación, le tocó en reparto elcaso Palma Arenay decidió prorrogar su vocación de hacer justicia hasta los 70 años, ante el temor de un cierre en falso. Arreciaron las campañas de desprestigio auspiciadas por algunos afectados, entre los que no faltó quien contrató detectives buscando un desliz. A finales del 2011, recibió la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco. Sus defensores vieron la recompensa a su trabajo codo con codo con los agentes a los que acompaña a los registros. Sus detractores, la mano socialista y su connivencia para ahondar en la llaga corrupta del PP balear. Así lo denunció sin éxito la defensa de Jaume Matas, al que el juez interrogó con la distinción en la solapa y le sometió a un registro de su palacete una Nochebuena. Castro convenció al Consejo General del Poder Judicial cuando le pidió explicaciones por sus idas a Barcelona, Madrid y Valencia por el caso que ha sacudido a la monarquía.

Su compañero de viaje en esta investigación, el fiscal anticorrupción Pedro Horrach, con quien ha transitado de la mano por elcaso Noos, le ha abandonado en la imputación de la infanta. Horrach le reprocha que se ampare en sospechas personales para ajustar el proceso judicial a sus expectativas, no a la búsqueda de la verdad.«Enriquecedor»,se limita a responder. Como dice él, ya se verá.