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Mirador

Como España y Catalunya

Rosa Paz

Dicen que los matrimonios de conveniencia son los que más duran, y en este que forman el PSOE y el PSC hace tiempo que hay más interés que amor, más ideología que sexo, si es que en algún momento, si quiera cuando se conocieron, llegó a haber esa atracción fatal. Hay que reconocer que ese materialismo tiene sus ventajas, no solo porque llevan décadas de rentable convivencia con escasas trifulcas domésticas, sino también porque cuando entran en crisis, como ayer, no se suelen producir histéricos sentimientos de despecho, aunque sí cada vez más síntomas de aburrimiento, de fatiga y de incomprensión. Un reflejo, por cierto, de los estados anímicos que se dan cada vez más en la relación de Catalunya con España o viceversa.

Al PSOE y al PSC les ha ido bien la alianza. Con los votos de los socialistas catalanes han podido gobernar en España y con el voto de la inmigración en Catalunya -el voto Felipe-,

en la mayoría de los ayuntamientos de la comunidad autónoma. El PSC se ha mantenido como partido asociado, con autonomía para elaborar su programa, elegir su dirección y las listas electorales, pero con voz y voto en la designación de los líderes y los órganos del PSOE, de los que forma parte. Claro que ha habido tensiones. Incluso amenazas de divorcio. Pero el interés siempre ha imperado sobre el desafecto, por lo que se han desechado las ideas de crear una marca PSOE en Catalunya, que dividiría sin beneficiar a nadie.

Así que ahora que los socialistas catalanes han puesto en práctica por primera vez su decisión de votar en el Congreso de los Diputados de forma diferente al resto de sus compañeros, solo algunas voces como la de Alfonso Guerra -y más con aire de táctica para presionar que de estrategia definitiva- han pedido la ruptura. Pero muchos piensan que el PSC juega con ventaja porque tiene la posibilidad de ir por libre y al tiempo tener un peso decisivo, por ejemplo, en la elección del secretario general del PSOE, así que algunos creen que ha llegado el momento de replantearse el acuerdo matrimonial. Pasar de la sociedad de gananciales a la separación de bienes, por ejemplo. Vamos, como en la relación de Catalunya con España. De hecho, las tensiones con el PSOE se han agravado en la medida en que las relaciones hispano-catalanas se han ido tensando y han llevado al PSC a apoyar el derecho a decidir.

No parece, con todo, que la sangre vaya a llegar al río, aunque los dos partidos hermanos tienen cada vez más difícil posponer esa reflexión que clarifique sus relaciones futuras. Solo Carme Chacón ha tenido que adelantarse a la catarsis conjunta y apartarse de sus compañeros del PSC por convicción, sí, pero también porque no podía obrar de otra manera si aspira aún a liderar el socialismo español.