08 abr 2020

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EL FUTURO DE CATALUNYA

La oferta 'religiosa' de Mas

"Dejarse arrastrar por soluciones religiosas para dar respuesta a problemas terrenales conlleva riesgos para una sociedad libre"

Joan Coscubiela

Artur Mas, ayer, en un momento de su intervención en el mitin celebrado por CiU en Vic.

Artur Mas, ayer, en un momento de su intervención en el mitin celebrado por CiU en Vic. / ACN / PATRICIA MATEOS

Hace días que me ronda por la cabeza una idea sobre el imaginario religioso que ha construido Artur Mas para presentarse como la "gran solución" ante el 25-N. En momentos de gran desconcierto y desesperanza como el actual, los humanos necesitamos y buscamos explicaciones simples y soluciones sencillas. Y eso es lo que ha hecho Artur Mas y CiU, echando mano de la más elemental antropología religiosa. Con una iconografía donde no falta de nada. Desde la más sencilla de las explicaciones, la de la lucha entre el Bien y el Mal, hasta la de la tierra prometida, en la que él nos conducirá e incluso si es necesario nos ofrecerá su vida por nuestra salvación.

Y si a alguien le parece abusiva esta interpretación, repasamos lo que ha ocurrido en los últimos meses. Es cierto que esta antropología judeocristiana está muy arraigada en toda la civilización occidental y en todos nuestros comportamientos y que está en el fondo de muchas ideologías y comportamientos políticas, pero el candidato Mas ha sobrepasado todos los límites.

En la explicación a todos los problemas, compartidos con otras sociedades, no se olvide, Mas nos ofrece la más simple de las explicaciones y la más sencilla de las soluciones. La más simple explicación del Mal siempre han sido los otros, los bárbaros, los romanos, los extranjeros. En la iconografía de Mas, se trata de España. Y la solución, sencilla, una determinada forma de Estado que en algunos momentos aparece como la tierra prometida. Quizás incluso no sea casual que en esta isla-paraíso le haya llamado Ítaca y no Utopía.

OFRECE SU VIDA PARA QUE NOS SALVEMOS

No hay tierra prometida, sin un mesías que nos conduzca. Y así lo ha llegado a verbalizar el candidato Mas. "Yo solo soy un instrumento", dijo. Solo le ha faltado decir "en las manos de Dios". "Yo os llevaré hasta el referendo y después me retiraré", continuó. Es tal la fuerza de este imaginario que incluso se ha reproducido en la iconografía de los carteles y en la mística del espot electoral. Y por si faltaba algo, el viernes la remató. Para responder --tiene todo el derecho-- a lo que considera que es una denuncia falsa de 'El Mundo', ha echado mano de nuevo de la misma iconografía. "Si logran destruirme, vendrán otros y cogerán mi testimonio". O sea que ofrece su vida para que nosotros nos salvemos.

Demasiadas semejanzas como para que sea una anécdota. Lo que hay ahora que preguntarse es si este comportamiento obedece a una atrevida y hábil estrategia comunicativa o es que el candidato Mas está profundamente convencido de su misión histórica. En el primer caso, todo quedaría en el debate entre la ética del fin y los medios. En el segundo supuesto sería muy preocupante para nuestra condición de ciudadanos libres.

No hay nada que excluya la posibilidad de que una parte de la ciudadanía acoja con satisfacción y entusiasmo este imaginario. No sería la primera vez que la ciudadanía se deja seducir con este tipo de planteamientos, pero sería una mala noticia. Y no por los resultados electorales, sino por los riesgos que para una sociedad libre conlleva dejarse arrastrar por soluciones religiosas para dar respuesta a problemas terrenales.

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