ENTREVISTA CON EL PRESIDENTE DE LA GENERALITAT

Artur Mas: "La segunda vuelta de estas elecciones será la consulta"

En la entrevista con EL PERIÓDICO el candidato de CiU habla sobre las elecciones autonómicas y la independencia de Catalunya

Artur Mas, en el Palau de la Generalitat, después de la entrevista

Artur Mas, en el Palau de la Generalitat, después de la entrevista / Albert Bertran

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NEUS TOMÀS / FIDEL MASREAL/ Barcelona

Artur Mas (Barcelona, 1956) se ha convertido en solo unas semanas en uno de los políticos más venerados y a la vez en el más vilipendiado. Pero ni los elogios de aquellos que ven en él a un mesías, ni las críticas de los que le acusan de llevar a Catalunya al desastre, parecen hacer mella en el presidente de la Generalitat. Mas mantiene la misma templanza con la que afrontó con éxito su travesía del desierto. La diferencia es que, esta vez, el candidato de CiU se juega mucho más que una victoria en las elecciones.

 -¿La conllevancia entre España y Catalunya ya no es posible? 

-Lo veo muy difícil, hoy por hoy no lo es, y creo que es un concepto bastante amortizado. Esto ha cambiado en profundidad, no tanto porque haya cambiado la mentalidad española, que no ha cambiado, sino porque está cambiando, y a fondo, la mentalidad catalana. El cambio sustancial se está produciendo en Catalunya y, mientras tanto, desde Madrid no dan más respuesta que la política del miedo.

 -Este proceso se ha personalizado mucho en su figura. ¿Qué les diría a los que le acusan de mesiánico? 

 -A los que me acusan de esto, que miren cómo estoy explicando las cosas y, sobre todo, cómo yo me defino como un instrumento al servicio de un proceso. Más modestia es imposible tenerla. Creo yo, vaya. Yo solo soy un instrumento al servicio de un proceso. Tanto es así que he puesto fecha de caducidad a mi trayectoria política y he dicho: acabado este proceso, y espero que sea lo más rápido posible, me aparto de la primera línea política. Si mi espíritu fuera mesiánico, lo que haría es convertirme en una especie de salvador de una patria. Y siempre me he definido como un servidor de un país, no como un salvador de la patria. Yo solo he hecho una cosa: me he puesto al lado del pueblo y le he dado la voz al pueblo. He hecho estas dos cosas y de esto veremos qué resulta. 

-¿En algún momento ha pensado que puede fracasar? 

 -Yo admito la dificultad del proceso, pero no me instalo en el fracaso anunciado, de ninguna manera. Vuelve a ser un poco como la travesía del desierto. Dado que yo ya he hecho una, y llegué a la orilla del mar y contemplé la tierra fértil, esta no tiene por qué ser muy diferente. Estoy seguro de que es posible, siempre y cuando se cumplan las condiciones. Primero, una gran mayoría social en Catalunya que lo quiera. Dos, que esta mayoría esté dispuesta a resistir las adversidades del camino. Tres, que haya una pulcritud democrática total y absoluta. Y cuatro, que todos los planteamientos se hagan por la vía pacífica, en ausencia de violencia y en positivo. Si se dan estas condiciones, no digo que Catalunya la ganará seguro al 100%, pero la puede ganar.

-Usted cita la pulcritud democrática, ¿no sería también pulcritud democrática explicar qué modelo de Estado catalán propone CiU? 

-En esto tenéis toda la razón, pero este es un proyecto comparable a unas elecciones a doble vuelta. Y la gente debe saber que antes de hacer nada volverá a ser llamada a las urnas. La decisión final no la tomaremos nosotros. Será el pueblo catalán quien dirá qué quiere. Estas elecciones son para saber si tenemos una mayoría soberanista para poder celebrar una consulta en los próximos cuatro años. No decidirá el president o el Govern, ni siquiera el Parlament. Decidirá el pueblo. Por lo tanto, es como si fueran unas elecciones a doble vuelta. Ahora hay la primera, y de aquí a un año, dos, tres, máximo cuatro años, toca la segunda vuelta, que será el momento de la consulta. No quiere esto decir que nosotros no iremos definiendo este posible Estado propio catalán. Lo iremos haciendo, ya hemos dicho algunas cosas, pero debemos hacerlo de una manera lo más consensuada posible.

-¿El modelo de consulta escocés es su preferido? 

-Mi felicitación y la envidia entre comillas, que significa admiración, es por cómo están enfocando el proceso. Que ante un Gobierno escocés elegido en las urnas con un programa muy claro que incluye la consulta, el Gobierno británico, en lugar de cerrar todas las puertas y de amenazar con todas las adversidades y miedos, se sienta en una mesa a negociar cómo hacerlo. Y creo que España debe aprender mucho de este proceso. Mucho. Porque el Reino Unido está en la UE, y por lo tanto, está en nuestro club. Es una de las democracias más antiguas del mundo y está ejerciendo sus altísimos valores democráticos. Todos saben que el Gobierno británico no quiere que Escocia deje el Reino Unido. El señor Cameron lo ha dicho claramente. Pero una cosa es que no quiera y otra es que quiera ir en contra de la voluntad del pueblo escocés. Esto es lo que no hace el señor Cameron porque es un demócrata.

-Siguiendo con el silogismo, si Cameron es un demócrata porque está dispuesto a negociar, ¿Rajoy no lo es porque se niega a hacerlo? 

-No diré que el señor Rajoy no sea demócrata pero sí se que debe aprender de estos valores democráticos. Estos valores tendrían que ser un espejo para la política española. Creo que lo son para muchos españoles porque estoy convencido -no tengo manera de comprobarlo- de que en España hay mucha gente a pie de calle que aceptaría que Catalunya pudiera hacer un proceso de estas características y, especialmente, una consulta. Pero una cosa es mucha gente de la calle y otra cosa son las oligarquías estatales que hace siglos que están mandando y que mueven todos los hilos en todas partes. Tienen mucho que aprender del espejo democrático que es el Reino Unido.

-O sea, ¿en España se entiende más a Catalunya en la calle que en muchos despachos de grandes empresas y del Gobierno?  

-Absolutamente. No sé qué porcentaje hay de comprensión en España a pie de calle, pero seguro que es mucho más alto del que hay en estos estamentos y oligarquías. Seguro.

-Uno de los pronunciamientos que más sorprendió fue la referencia del Rey a las "quimeras". Desde entonces, han coincidido en varios actos. ¿De verdad no lo han hablado? 

 -No, no hemos llegado a hablarlo. Soy 100% sincero.

 -¿Y no convendría que lo hablasen? 

-Supongo que convendrá. Me imagino que ahora nadie se quiere inmiscuir en un proceso electoral. Supongo que después se establecerá algún tipo de diálogo. Supongo. No digo que confíe en ello. El sentido común llevaría a que hubiera diálogo, que es lo que se está haciendo en el Reino Unido. Lo que hay allí es diálogo y respeto a la voluntad popular. Y se encuentran soluciones. Yo no aspiro a que ningún Gobierno español esté a favor de que Catalunya tenga un Estado propio. Ya sé que no pasará, pero aspiro a que España, sus estamentos, nos dejen decidir nuestro futuro. Y que nos lo faciliten, como Cameron y los británicos lo están facilitando a los escoceses.

-Si, tras el 25-N, Rajoy le llamase y le dijese que se lo ha pensado mejor y está dispuesto a hablar del pacto fiscal, ¿qué le respondería? 

-Ahora con el pacto fiscal no es suficiente. Esto no quiere decir que no sea importante, pero no es suficiente por una razón evidente: la dinámica que se ha abierto en Catalunya va más allá del pacto fiscal. Esto fue una oportunidad perdida por parte de Madrid. Se lo intenté explicar de muchas maneras y que si abrían claramente la puerta a que Catalunya tuviera una soberanía fiscal había cosas que podían reconducirse durante un tiempo largo. Pero no hicieron caso. Están tan acostumbrados a que hagamos el bon minyó que siempre cuentan que nos ajustaremos a sus deseos e intereses. Y ha llegado un momento en el que no nosotros, sino una parte significativa del pueblo catalán ha dicho basta.

 -¿Es cierto el rumor de que en algún momento Rajoy le ha dejado caer aquello de 'yo estaría dispuesto pero en mi entorno no me dejan...'? 

 -Absolutamente no. Al revés. Su posición fue: yo tampoco creo en el pacto fiscal. No hubo matices. Supongo que fue 100% sincero cuando me dijo esto: "No creo en el pacto fiscal tal como lo planteáis".

-Le traslado la reflexión de un amigo independentista que dice: "No me creo a Mas porque me falló con el Estatut cuando lo pactó a solas con Zapatero, y dudo de que ahora vaya hasta el final". ¿Qué le contestaría? 

-Respuesta muy fácil y muy rápida: no pido ninguna confianza en este sentido, solo hago ver que la decisión final le corresponde a él y a todos los catalanes. Esta es la gran apuesta que estamos haciendo. La última decisión no la tomaré yo, la tomará el pueblo de Catalunya. Por tanto, también él. Ahora, él es uno.

-Cuando aparece un titular como el de hace unos días en  El Mundo  donde se hablaba de las "sinergias" entre usted y Bildu, ¿Qué piensa? 

 -No hago ni caso. Ya tengo descontado desde hace tiempo que utilizarán todas las amenazas posibles, todas las comparaciones odiosas, todos los impedimentos posibles, todas las zancadillas¿ Ya sé que determinados personajes lo utilizarán todo. Dado que ya lo tengo descontado, ya no me afecta. Ni me lo miro.

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-¿El  conseller  de Interior se equivocó al apelar a la lealtad de los Mossos en caso de conflicto? 

-No sé como lo dijo, pero sobre esto o cualquier otra cosa seguiremos el camino basado en grandes mayorías y una vía absolutamente constructiva y en positivo. No vamos a ninguna guerra, ni batalla, ni confrontación. Si este proyecto crea conflicto será porque los demás lo buscan, no porque lo busquemos nosotros. Cualquier declaración que vaya contra esta filosofía se aparta del camino que nos hemos autoimpuesto y que es el único viable. Y no hablo del conseller Puig, sino en general.