OPINIÓN

Fraga en la memoria (¿histórica?)

Es un problema denostar a Fraga por franquista y a la vez admitir al Rey

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Carlos Carnicero
Carlos Carnicero

Periodista

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No hay consenso en la orientación para las primerosobituarios de Manuel Fraga porque hay dos generaciones distintas en el puesto del mando de las redacciones. Los veteranos vivieron latransicióny la "ruptura democrática pactada". Muchos jóvenes quieren ser antifranquistas retroactivos, que es una causa sin riesgo, que gratifica mediante la entonación de un heroísmo imposible.

Aunque haya quien no quiera, Fraga es unpadre de la Constitución. Y uno de los líderes políticos que pilotó este barco llamado España desde ladictadura a la democracia. Con su autoritarismo genético y elEstado en la cabeza; con sus ironías y sus desplantes. Con sutalento dialéctico y su imposibilidad de callarse nada cuando todo podía ser dicho, es decir, cuando se acabó la dictadura a la que con tanto ceño y durante tantos años sirvió con sumisión.

Adecuar la "Memoria Histórica" a Fraga promueve desencuentros insuperables.Santiago Carrillo, después de la legalización del Partido Comunista de España, lo trató con la misma consideración que lo hizo Fraga con él. La presentación de Carrillo la hizo Fraga en el Club Siglo XXI. Y ese dueto ha sonado a menudo en los últimos 30 años. Eran losdos polos de odios cruzados entre los que consideran a Carrillo responsable de los asesinatos de Paracuellos y los que no le perdonan a Fraga haber sidoministro del dictador.

Demonio autoritario

Es cierto que Fraga llevaba el demonio autoritario de la "calle es mía", de la responsabilidad directa, nunca ejercida, de losasesinatos de Montejurra de 1976, diseñados desde su Ministerio de la Gobernación. Los obreros muertos en Vitoria y tantas actuaciones deorden público fuera de la lógica democrática forman parte de su biografía. Pero Fraga es, además,ponente constitucional y fuepresidente de la Xunta de Galicia y senador.

Designó personalmente aJosé María Aznar presidente del PP. El agradecimiento de aquel joven Aznar hacia su mentor era tan grande que entregó una carta de dimisión firmada sin fecha que con gran energía despedazó quien todavía era presidente del PP delante de su protector. Fue una historia entre antiguos --y no tanto-- falangistas.

Fraga forma parte de la historia de la transición, que es esencia desde donde se ha construido el futuro de España. Como ahora no es fácil tener una causa por la que luchar, destrozar la transición y arremeter contra los muertos, es un deporte con muchos practicantes. Es esta una democracia que tiene pocos que defiendan proyectos de futuro; proliferan los voluntarios de un antifranquismo imposible porque ya no existe.

Serio problema

Los que denuestan a Fraga por franquista tienen un serio problema. Arbitrar un filtro de la memoria para las excepciones tolerables en quienes tienen sus raíces histórica en el franquismo. ¿Cómorepudiar a Fraga y admitir al Rey?

Los dos juraron losprincipios del Movimiento y los dos apuntalaron durante tiempo la dictadura; además, el Rey, lo fue en origen porque Franco lo designó.

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La Constitución ampara a Fraga y al Rey. El primero la redactó; el segundo la promulgó y además consiguió legitimarse como jefe del Estado con ella.

En los últimos tiempos, lasalud de Fraga le obligaba a navegar con golpes de caderas a babor y a estribor. Su voz potente se hizo un susurro, pero siempre, por débil, ha sido incontestable. La muerte de Manuel Fraga ha cumplido unúltimo servicio a este país --España-- en cuyo servicio, que para mal y también para bien, consumió su vida. Descanse tranquilo y que su memoria encuentre la paz entre quienes lo respetaban y entre quienes lo infamaban.