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CONSECUENCIAS DEL 'CASO gÜRTEL'

Camps dimite y despeja el camino de las urnas a Rajoy

El dirigente imputado prefiere dejar el puesto a Fabra que declararse culpable

GEMMA ROBLES

Francisco Camps, el político que llena plazas de toros en sus mítines y que logró hace apenas dos meses revalidar, por tercera vez, la mayoría absoluta en las urnas, presentó ayer su dimisión para sorpresa de sus votantes, decepción de algunos de sus más fieles colaboradores y alivio de Mariano Rajoy, el aspirante a la Moncloa que ha sorteado un importante bache en el camino de las urnas. Imputado en el caso de los trajes y debilitado por sus (publicadas) relaciones personales con los protagonistas de la red Gürtel, Camps deja la presidencia de la Generalitat de Valencia y la jefatura del PP regional y abre camino a Alberto Fabra, hasta ahora alcalde de Castellón. Pero el protagonista de la memorable jornada de ayer no fue tanto el sucesor como el sucedido, que se presentó ante la opinión pública como el mártir de un sistema «duro y brutal» que no dudó en vincular al zapaterismo. «Es un sistema que ha traído paro, desconcierto, tensión y crispación a todo nuestro país. Pues bien, voluntariamente ofrezco este sacrifico personal para que Rajoy sea el próximo presidente del Gobierno, para que el PP gobierne España y para que España pueda ser esa gran nación que todos queremos», apuntó.

Camps se despidió de Valencia

-«lo más grande que hay en el mundo», subrayó- con nuevos ataques al PSOE y risa nerviosa, e intentó exhibirse cual crucificado a las puertas de un juicio con jurado, pese a que él se declara «inocente».

CAMBIO DE PLANES / Precisamente lo pasmoso de este relato es que el ya expresidente valenciano acabó ayer clamando a los cuatros vientos su inocencia cuando la noche antes había acordado con Federico Trillo, el enviado especial de Rajoy a Valencia, aceptar ante el tribunal superior de justicia de su comunidad autónoma la culpabilidad para, con un fallo de conformidad y el simple pago de una multa, evitar al PP el bochornoso espectáculo de verlo sentado en el banquillo de los acusados el próximo otoño, justo cuando Rajoy estará en plena faena electoral.

Esa era, según fuentes populares, la salida más fácil a corto pazo, aunque no precisamente la más honrosa para Camps. Y durante unas horas el presidente valenciano estuvo dispuesto a aceptar ese camino (Rajoy le comunicó hace más de un año que ese era su plan B por si las cosas se complicaban) e, incluso, colaboró para convencer a los otros tres imputados en el caso de los trajes -Ricardo Costa, Víctor Campos y Rafael Betoret- de que hicieran lo propio. Eso explica que, a primera hora de la mañana, Campos, el exvicepresidente del Consell, y Betoret, exconsejero de Turismo, acudieran al tribunal superior y firmaran un escrito en el que se declaraban culpables.

Prácticamente todo el PP esperaba que, minutos después, Camps y Costa dieran el mismo paso. Pero no ocurrió porque el hasta ayer jefe de la Generalitat valenciana se echó atrás y cambió de planes. «No ha soportado la presión y ha preferido irse que declararse culpable y tener que soportar la que le iba a caer igualmente encima», explicaban ayer en el PP.

Como Camps finalmente no entregó ante el juez el escrito de culpabilidad que su abogado tenía redactado y listo para ser registrado, Costa tampoco lo hizo, de forma que se dio la paradoja de que dos de los imputados se reconocían culpables mientras que los otros dos contravenían lo acordado, dejaban a sus compañeros en la estacada (y muy enfadados porque finalmente tendrán que ir a juicio) y evitaban hacerlo. En cualquier caso, para Camps son todos inocentes, con independencia de lo que hayan declarado ante un juez. «Dejo la presidencia inocente, completamente inocente, de las barbaridades que dicen de mí. Como las otras tres personas que están también en un absurdo y brutal proceso que nadie entiende, que nadie comprende, que es falso», apuntó Camps en su comparecencia pública.

RAJOY GANA / Para el expresidente de Valencia, la verdad oficial es que el juez no le manda a juicio por cohecho, sino por revanchismo de unos socialistas que no han sabido ganar las elecciones. Con ese argumento bajo el brazo, enfatizó ayer que ahora es él quien dejará de ser un «obstáculo» para que Rajoy tumbe al PSOE en las generales y auguró que los tribunales no podrán demostrar nada sobre sus supuestos sobornos «porque no hay nada». «Quiero que sepan que me voy sin rencor, no lo merecen», agregó quien se se dijo orgulloso de haber lucido el título de molt honorable «en lo más alto».

Rajoy, que una vez más se ha salido con la suya y ha convertido la presión a fuego lento en su mejor arma, reconoció el gesto a Camps con un comunicado público en el que lo calificó de «gran amigo» y le agradeció, entre otras cosas, que haya ayudado con su marcha a mejorar la imagen de las instituciones. El líder del PP estaba dispuesto a tragar con Camps en Valencia siempre que evitara el juicio, pero con paciencia ha logrado cuadrar el círculo. Camps se va (está por ver si también como diputado) y llega Alberto Fabra. Los tribunales siguen trabajando.

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