24 oct 2020

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El debate

Gana la 'pepevergencia'

Los conservadores aplauden la «flexibilidad» del Govern y auguran más complicidad en el futuro

El Parlament bautiza la nueva alianza CiU-PPC con la tramitación del presupuesto del tijeretazo

JOSE RICO
BARCELONA

El mucho ruido exterior diluyó la repercusión de las no pocas nueces que se repartieron dentro del Parlament. La tijera presupuestaria pasó su primer filtro en una votación que sirvió para bautizar la nueva etapa de la política catalana: la pepevergencia. CiU y el PPC escenificaron sus complicidades en la Cámara catalana con elogios mutuos y críticas coincidentes al ala progresista del hemiciclo. Los populares cumplieron fielmente su parte del pacto. Su abstención permitió admitir a trámite las cuentas, cuatro días después de que los nacionalistas les facilitasen las alcaldías de Badalona y Castelldefels y les abriesen la puerta de la Diputación de Barcelona. Los bloques quedaron bien definidos: la derecha asintió (Joan Laporta incluido) y la izquierda resistió (con Ciutadans y Solidaritat), pese a algunas tentaciones conciliadoras.

Una imagen vale más que mil palabras: el conseller de Economia, Andreu Mas-Colell, que tenía la misión de rebatir las críticas de la oposición, prescindió de su turno de palabra con el portavoz del PPC, Enric Millo. ¿Quien calla otorga? Ni siquiera quiso puntualizar los leves reproches del diputado popular, que diagnosticó cierta «falta de coraje» al Ejecutivo por no recortar más en «gastos superfluos» y menos en política social.

Con su silencio, además, el conseller se ahorró tener que dejar sin respuesta las tres simbólicas condiciones con las que los conservadores juegan al despiste con una abstención que ya tienen decidida. Porque Millo descartó votar a favor de unas cuentas tan dolorosas y, a continuación, descartó un no que empujaría a Catalunya al abismo económico. Pero la negociación sigue abierta.

'EMBAJADAS' / El PPC reclama un gesto de «simplificación y racionalidad administrativa» del Govern, que reduzca empresas y organismos dependientes de la Generalitat. En ese saco están, por ejemplo, las embajadas catalanas. Los populares piden el cierre de unas y la reorientación económica de otras, y el Gabinete de Artur Mas no se ha cerrado en banda. Otra exigencia del partido de Alicia Sánchez-Camacho es una ley de estabilidad presupuestaria que permita a Catalunya acercarse al objetivo de déficit marcado por el Gobierno español, el 1,3%. El porcentaje previsto por Mas-Colell es justo el doble, por lo que se interpreta que el PPC está buscando ya un camino común con CiU para los presupuestos del 2012, que llegarán al Parlament en menos de seis meses.

Con estas dos condiciones, los populares quieren cumplir una tercera: menguar el tijeretazo en sanidad, educación y bienestar social. Con la izquierda fuera de juego tras la intocable supresión del impuesto de sucesiones, el PPC puede erigirse como salvador de algunos recortes. Millo celebró que el Govern cambie de «talante» y sea «flexible», una manera de aplaudir que ahora la geometría variable sople a su favor tras un primer amago de Mas de flirtear con la sociovergencia. Investido gracias al PSC, los presupuestos y las elecciones municipales han abocado al president a una pepevergencia. ¿Cuánto durará? Por lo visto ayer, como mínimo, hasta las generales.

El PSC, ICV-EUiA y ERC se quedaron en la trinchera, aunque solo los ecosocialistas presumieron de ella y anunciaron que cavarán más hondo. Los socialistas y los republicanos quisieron escalar para salir de ella, pero las cartas llevan tiempo marcadas. El PSC lamentó el advenimiento del «tripartito de derechas», como definió a la unión parlamentaria de CDC, Unió y el PPC, y acabó reduciendo el precio de su abstención a una contrapartida indigesta para el Govern: revocar la eliminación del impuesto de sucesiones. Los socialistas subrayaron que del acuerdo de legislatura firmado con CiU para investir a Mas ya solo quedan trizas.

Esquerra, en el fondo, tiene más margen que el PSC para negociar con CiU, y de ahí que su presidente, Joan Puigcercós, haya apurado hasta el final su disposición a renunciar a la enmienda total. También diluyó un poco sus condiciones, priorizando el fin del impuesto de sucesiones y la continuidad de la sexta hora. «Tienen un fuerte simbolismo», justificó Puigcercós. Aunque las cuentas estén ya ventiladas, Esquerra no da por perdida la legislatura. El líder republicano tendió la mano a CiU para defender en Madrid «los intereses de Catalunya», confiado en que los nacionalistas vuelvan a llamar a su puerta tras las generales si el PP no necesita ayuda parlamentaria.

DOBLE RACIÓN / Si Millo salió indemne del debate, el PSC y ERC recibieron doble ración de estopa. A la de Mas-Colell sumaron la del representante de CiU, Antoni Fernández Teixidó, quien elogió la «responsabilidad» del PPC y acusó de tripartito de haber dejado la caja vacía como herencia. ICV, la más convencida de su enmienda, denunció que las cuentas del Govern «no son las que Catalunya necesita», y acusó a Mas de ayudar a «la especulación y el ladrillo» mientras recorta 2.560 millones.