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Renovar tras una política fallida de proximidad

La capital catalana es la principal plaza de poder del PSC tras la pérdida de la Generalitat en las elecciones del 28-N. El debate sobre si Jordi Hereu debe ser o no de nuevo el candidato en los comicios municipales de mayo del 2011 sube de intensidad a la espera de una decisión de la cúpula socialista. Desde una perspectiva progresista, dos intelectuales ofrecen sendos puntos de vista.

Renovar tras una política fallida de proximidad
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Beth Galí
Beth Galí

Arquitecta.

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Uno de los principios de la democracia es el de posibilitar el ejercicio de la política dando voz a las diferentes ideologías que representan a la población de un país en los sucesivos ciclos electorales.

En lo últimos 30 años, Barcelona ha sido gobernada por los embajadores de una misma ideología política, con episodios de gobiernos de coalición con predominio del partido de los socialistas catalanes. Treinta años que han ido deteriorando el generoso mundo de las ideas, para otorgar preeminencia al mundo de la gestión con ideas escasamente estructuradas para poder alimentarlo.

Es cierto que la ciudad no es la misma. Hace 30 años todo estaba por hacer. Eran los años felices del principio de la democracia y del primer ayuntamiento de izquierdas. Por lo tanto, reinaba el optimismo, imprescindible para la transformación de una ciudad.

El Ayuntamiento de Barcelona es, hoy, un ayuntamiento cansado y los ciudadanos, al margen de las preferencias ideológicas, así lo perciben. Uno de los sectores que primero captó el agotamiento y el amodorramiento de unas propuestas para la ciudad poco alentadoras fueron aquellos que vivieron de primera mano los años de la primera transformación.

Barcelona ha dejado de ser un reclamo para los jóvenes creadores que pueblan las ciudades y las enriquecen. Ahora en Barcelona encontramos solteros y solteras que se despiden groseramente de un pasado solitario. Encontramos putas mal pagadas en la calle; encontramos tiendas cutres homenaje al tópico del souvenir y bazares chinos, tapaderas de negocios oscuros; encontramos suciedad, malos olores de cerveza mal digerida.

Poco a poco, la ciudad prohíbe y mata las iniciativas espontáneas de las que se nutren muchas de las actividades creativas que tienen lugar en las ciudades con vocación cosmopolita. Han ido prohibiéndose actividades a golpe de normativas cada vez más envaradas y poco eficaces que han dejado el paso libre a algo peor: a la incultura, la mediocridad, la grosería, al descrédito, al miedo al riesgo, a la mala música tocada rutinariamente por las calles...

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Pequeños gestos

Gobernar hoy Barcelona es difícil. Puede ser que, en lugar de gesticulaciones llamativas, lo que hacía falta era austeridad y trabajar la ciudad mediante la suma de pequeños gestos: limpieza intensiva de los barrios más vulnerables, saneamiento de responsabilidades que con 30 años han tenido tiempo de adquirir malas prácticas públicas, mantenimiento de lo que se había construido, constitución de grupos de búsqueda desde el propio ayuntamiento, centrados en aquellos temas en los que aún estamos demasiado atrasados, como nuevas viviendas para nuevas estructuras sociales, implantación de viviendas para los ancianos homogéneas en toda la ciudad, etcétera. La primera vez que escuché al alcalde Jordi Hereu hablar de proximidad, interpreté que se refería a los pequeños gestos que hacen de una ciudad un lugar amable para ser habitada. No ha sido así.