La actuación del tripartito
Mucho ruido y muchas nueces
Catalunya elige entre los que alimentan la discordia y los que queremos sumar fuerzas con el resto de España
Todos sabemos lo nocivo que es el ruido. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que una exposición superior a 65 decibelios puede provocar problemas para la salud. El ruido también es perjudicial para la salud de la democracia. Distorsiona la realidad y obliga a muchos ciudadanos a desconectar, a mantenerse al margen de la política para no quedarse sordos.
Felipe González lo expresó muy bien el lunes en Granollers cuando dijo que el ruido generado durante la última legislatura ha impedido que se valore lo suficiente la gran gestión del president Montilla al frente de la Generalitat. Su Gobierno ha obtenido magníficos resultados y así lo reconocen los ciudadanos. Y, sin embargo, las mismas encuestas que valoran positivamente la acción del Gobierno parecen dar más apoyo a otras opciones políticas. Ahí reside la gran paradoja.
A mi entender, esta contradicción se debe precisamente al ruido que ha invadido la política catalana. El exceso de decibelios ha provocando hastío en la ciudadanía y ha lastrado al Gobierno que lidera José Montilla.
Ha habido mucho ruido, mucho. Pero también muchas nueces. Nadie ha hecho tanto por Catalunya en tan poco tiempo como José Montilla. Y se ha logrado en el contexto económico más desfavorable de los últimos 70 años. Para que la crisis no la paguen los más desfavorecidos, el PSC ha apostado por mejorar los servicios públicos y la cohesión social. Es nuestra forma de gobernar.
Cinco nuevos maestros al día. Mil nuevos mossos al año. Ocho hospitales y 3.000 médicos en toda la legislatura. En cuatro años, se ha construido el doble de kilómetros de metro de los que hizo CiU en 23 años; y ahora se invierte el doble en la conservación de nuestra red de carreteras.
De acuerdo, son solo datos. Pero lo importante es lo que cuentan. Nos hablan de la Catalunya de hoy. Una Catalunya que proporciona mejor educación a sus hijos, que es más segura, que presta mejor atención sanitaria y que está mejor comunicada. Nos revelan una sociedad con más oportunidades y mejor preparada para enfrentarse al futuro. Este es el resultado de la gestión del president Montilla. Un trabajo brillante que el ruido ha ocultado en demasiadas ocasiones.
¿Y dónde nace el ruido? Como decía Felipe González, un foco de ruido estuvo en el propio tripartito. Alguno de nuestros socios ha mantenido, en ocasiones, una actitud poco responsable. Como cuando, desde ERC, se alentaban referendos secesionistas. Parecía como si gobernasen por las mañanas y por las tardes destruyesen la labor del Gobierno del que formaban parte.
Ha sido la primera vez que Catalunya era gobernada en coalición. Esa escasa experiencia ha podido pesarnos. Acordar siempre supone renunciar, por eso no todo se ha hecho como queríamos. Pero estaba en nuestra mano lograr que Catalunya, por primera vez en décadas, contara con un Gobierno de progreso. El PSC no lo dudó.
Otro foco de ruido ha procedido de la derecha en Catalunya, de CiU, y otro, el más sonoro, del PP. CiU comenzó negando el apoyo al nuevo sistema de financiación, el mejor del que Catalunya haya disfrutado jamás. Sí: jamás. Y ha terminado renegando del mismo Estatut que contribuyó a aprobar. Un Estatut que ha dotado a los catalanes del mayor nivel de autogobierno de su historia.
El PSC ha logrado que Catalunya tenga hoy casi ocho veces más capacidad financiera que cuando gobernaba CiU. Y no ha hecho falta ningún concierto que desbordara la Constitución. Actualmente, el Estado invierte en Catalunya el doble que hace siete años. Y no hemos tenido que promover un referendo secesionista.
A esta confusión se suma el PP, con su estruendo característico. Creo que todos recordamos su propuesta de referendo contra el Estatut, sus intentos de enfrentar a Catalunya con el resto de España, sus engaños sobre la convivencia lingüística catalana o sus acusaciones de falsos privilegios.
El president Montilla y el PSC hemos demostrado que Catalunya avanza cuando apuesta por el entendimiento con el resto de España. Catalunya es un país dinámico, innovador y competitivo. Su papel no es, ni puede ser, el de víctima; su papel debe ser liderar en España y ser relevante en Europa, en lugar de empequeñecerse y aislarse, mientras se lame algunas heridas reales y otras imaginarias.
Esa es, en realidad, la elección a la que se enfrenta el pueblo de Catalunya el domingo:
De una parte, quiénes buscan el enfrentamiento y alimentan la discordia desde uno u otro lado, el centralismo anticatalán o el independentismo más o menos solapado. Es el mismo viaje a ninguna parte por dos caminos distintos.
De otra, los que queremos sumar fuerzas con el resto de España para acelerar una salida social de la crisis, modificar las estructuras de nuestro modelo productivo en busca de una economía más dinámica y competitiva, un sistema educativo que enseñe a emprender y una mayor fortaleza institucional.
Es decir, esta vez sí, un avance rotundo. Hechos sin pirotecnia. Nueces y sólo nueces. Ministra de Defensa.
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