El tripartito ante Ios electores

Obra de gobierno y rifirrafes

Las tensiones entre PSC, ERC e ICV y la mala comunicación de lo hecho dificultan una reedición

Obra de gobierno y rifirrafes

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Antoni Segura
Antoni Segura

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona

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El 14 de diciembre del 2003 se formalizaba el acuerdo entre el PSC, ERC e ICV para un Govern catalanista y de izquierdas presidido porPasqual Maragall. El hito era importante y generó ilusión porque, por primera vez desde la segunda República, la máxima institución del país volvía a manos de la izquierda catalanista. La ilusión ya se había reflejado en los resultados electorales y, por primera vez también, el PSC aventajaba a CiU en votos (31,07% y 30,86%), pero no en escaños (42 a 46). Aquel Govern consiguió aprobar un nuevo Estatut, después de queArtur Maspactase a la baja conJosé Luis Rodríguez Zapatero, y un nuevo y mejor sistema de financiación. Y, sin embargo, la experiencia acabó antes de tiempo y mal: salida de ERC del Govern al pedir elno en el referendo del Estatut y defenestración dePasqual Maragall. Los socialistas decían que resultaba muy difícil gobernar con ERC porque no tenían nunca la seguridad de que el partido apoyase aquello que aprobaba el Govern.

El 21 de noviembre del 2006 se formalizaba un nuevo Govern d'Entesa Nacional pel Progrés con los mismos protagonistas y conJosé Montilladepresident. El tripartito había mantenido la mayoría absoluta a pesar de tener en conjunto un 4,36% menos de votos (54,73% el 2003; 50,37% el 2006) y perder 4 escaños (74 y 70). Un desgaste asumible después delDragon Khande la legislatura anterior, pero no proporcional: el PSC perdía votos (-4,25%) y escaños (-5) y ERC también (-2,37% y -2), mientras que ICV mejoraba (+2,26% y +3).

La obra de gobierno (http://www.gencat.cat/construim/) ha sido muy importante, principalmente, en educación (300 nuevos centros educativos), en sanidad (120 nuevos equipamientos), en equipamientos deportivos (240 actuaciones), en vivienda (6.000 viviendas protegidas iniciadas), en infraestructuras (50 kilómetros de nuevas autovías) y, como acciones estrella, a pesar de que no siempre han sido finalizadas, el aeropuerto de Lleida-Alguaire, el traspaso de Cercanías, la desalinizadora del Llobregat, la línea 9 del metro, la Ciutat de la Justícia, el Canal Segarra-Garrigues, el sincrotrón Alba y algunas medidas legislativas como los pactos nacionales para la vivienda, para las infraestructuras, para la inmigración y para la investigación y la innovación (los dos últimos con el apoyo de CiU).

Lo resumía gráficamente elconsellerde Política Territorial,Joaquim Nadal,cuando afirmaba que en esta legislatura «hemos contratado cada día a cinco maestras, dos médicos y tres mossos» y que «no se había invertido nunca tanto como ahora [22.000 millones]. Ningún otro Govern había construido tantas carreteras, hospitales, ambulatorios y equipamientos». No lo dudamos. Pero ahora se decía que era muy difícil gobernar con ICV porque se mostraba intransigente en aspectos clave como la ley de educación, que tuvo el apoyo de CiU. Y es que cuando las encuestas no van bien siempre es bueno tener un culpable a mano.

¿Y qué dicen las encuestas? Pues que, si nada cambia, la suma del tripartito igualará los diputados de CiU o, incluso, será inferior. Esta contradicción entre obra realizada y perspectivas electorales tiene más de una interpretación. Apuntaremos dos:

Primera. La falta de tradición de gobiernos de coalición ha magnificado las diferencias entre los tres partidos, que no han sabido anteponer la necesaria unidad de la acción de gobierno a los intereses de partido. En las coaliciones solo existe un Gobierno y aquí a menudo ha dado la sensación de que había tres. Y esto ha acabado cansando a los ciudadanos, ya bastante desencantados por la situación económica, por la forma en la que era tratado el Estatut en Madrid (un Estatut que la ciudadanía dio por amortizado después de la sentencia del Tribunal Constitucional) y por no ver claro cuál es el proyecto de futuro en unos momentos en los que la crisis amenaza a miles de familias con el paro y la pobreza. La abstención puede marcar un máximo histórico el 28 de noviembre.

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Segunda. El Govern ha sufrido una falta alarmante de capacidad comunicativa para explicar la obra de gobierno y lo que intentaba hacer para combatir la crisis. Y eso que la propuesta de emitir bonos para hacer frente al déficit ha superado todas las previsiones y CiU ya ha dicho que también hará uso de ellos. Pero no se ha sabido explicar y, en todo caso, tampoco se ha dicho claramente cuál es la situación y cómo se puede superar: ¿alguien dirá algún día que estamos con el agua hasta el cuello y que serán necesarios aún más sacrificios para superar la crisis?

La oposición ha sabido aprovechar estas carencias haciendo buena la idea de que el tripartito ha sido un desbarajuste, un guirigay; unos años perdidos, en definitiva. Y llegamos así a la recta final en la que sus integrantes reniegan del pasado y prometen no repetir la experiencia (excepto ICV, que no tiene otra posibilidad de gobernar). Triste epílogo para un proyecto que había despertado tantas ilusiones y que obtuvo el apoyo de más de la mitad de los votantes, pero gobernar exige credibilidad y los rifirrafes partidistas han dañado la credibilidad de los tres partidos de gobierno. Será muy difícil que la recuperen en las dos semanas de campaña a pesar de apostar por otras fórmulas de gobierno. Catedrático de Historia Contemporánea (UB).