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Los partidos presentan dos modelos

La lengua ante las urnas

PSC, CiU, ERC e ICV consolidan la inmersión educativa y el catalán como vehicular en la enseñanza

Albert Branchadell

En las elecciones del 28 de noviembre compiten a grandes rasgos dos modelos lingüísticos opuestos. Por un lado, el modelo que postulan los miembros del tripartito saliente, pero también CiU, y, por el otro, el que encarnan PP y Ciutadans, dos partidos que en el apartado lingüístico practican una dura competencia entre sí.

Sin duda, el ámbito en el que resulta más fácil observar las diferencias entre estos dos modelos es el educativo. En su programa, el PSC promete: «Consolidaremos en la escuela el sistema de inmersión lingüística que garantiza un solo modelo de sociedad con el mismo acceso al conocimiento». CiU apuesta por un verbo casi sinónimo: «Fortaleceremos la inmersión lingüística en la escuela a todos los niveles». Y la referencia a todos los niveles la repite ERC: «Hay que extender la inmersión lingüística a todas las etapas educativas obligatorias». Algo más contenido, el programa de ICV-EUiA aboga simplemente por «la continuidad del modelo educativo de conjunción lingüística».

Si el, digamos, cuatripartito opta por la continuidad, los programas de Ciutadans y del PP apuestan claramente por el cambio. Para Ciutadans, un buen conocimiento de catalán (pero también de castellano e inglés) «es garantía de igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos». Ahí es justo reconocer que el partido de Albert Rivera no defiende el derecho a ignorar el catalán, como le atribuyen críticos interesados; su receta es que tanto el castellano como el catalán sean ambas lenguas vehiculares, a las que cabe añadir el inglés, hasta alcanzar un reparto de un 40% para cada lengua oficial y de un 20% para el inglés.

Sin especificar porcentajes, el partido de Alicia Sánchez-Camacho también se apunta al trilingüismo vehicular: su oferta es implantar una red de escuelas trilingües en las que las materias se impartirán «entre una quinta parte y una tercera parte en inglés, y el resto del currículo de forma equitativa entre catalán y castellano». Hay que decir que esta propuesta no acaba de casar con la libertad de elección que postula el PP en otro apartado del mismo programa. Si los padres de los alumnos deben escoger libremente el idioma en que quieren recibir la educación primaria, ¿cómo se les va a obligar a recibir «entre una quinta parte y una tercera parte» de la enseñanza en inglés, por no hablar de la lengua oficial no deseada? En otras palabras, la libertad de elección de la lengua vehicular no es compatible con la idea de que los poderes públicos determinen las lenguas vehiculares, por mucho que sean tres. Eso lo tienen muy claro en UPyD. La candidatura que encabeza el exdiputado de Ciutadans Antonio Robles plantea, lisa y llanamente, la «derogación de la inmersión en catalán y del uso exclusivo del catalán como lengua vehicular en los centros educativos y su sustitución por la libre elección de lengua vehicular».

Naturalmente, detrás de cada modelo lingüístico educativo hay un proyecto lingüístico para el conjunto de la sociedad. Por un lado, Ciutadans y el Partido Popular postulan un horizonte de «libertad» en abstracto, donde los poderes públicos se limiten a garantizar el conocimiento del catalán y se desentiendan después de su uso, sin atención a los efectos de políticas lingüísticas pasadas ni a la actual debilidad estructural de la lengua.

En el otro bando, este es el punto donde el cuatripartito se escinde. Para el PSC, la promoción del catalán no tiene otro fin que garantizar «la igualdad de conocimiento y uso de las lenguas oficiales por parte de toda la población». Algo más enfáticamente, el programa de CiU promete garantizar que los ciudadanos que lo deseen puedan vivir plenamente en catalán. Esta idea de equidad es la que preside el programa de ICV-EUiA: la política de promoción del catalán debe tener un efecto compensatorio con el objetivo de que las personas que desean utilizar el catalán (o el occitano en Aran) «tengan las mismas oportunidades de uso de aquellas lenguas que el castellano». ERC, en cambio, se desmarca de todo esto: para ERC, la inmersión debe contribuir a «la consolidación de la lengua catalana como la lengua de relación común habitual entre toda la ciudadanía».

Ciertamente, una cosa es dar garantías a los ciudadanos que deseen vivir en catalán y otra cosa muy distinta pretender que todos los ciudadanos se relacionen en catalán con cada quisque. (En este delirio, las demás candidaturas independentistas van a la zaga de ERC). El partido de Joan Puigcercós sigue empeñado en el error de trasplantar a Catalunya un concepto que puede tener sentido en la provincia canadiense de Quebec, donde el 80% de la población es francófona, pero que aquí plantea serias dudas. (La prueba es que ni PSC ni CiU ni ICV-EUiA hablan nunca de lengua común en sus programas). Tal como van las encuestas, todo parece indicar que en las urnas se impondrá el único proyecto que es a la vez realista y moralmente plausible: seguir protegiendo al catalán en un marco de plurilingüismo, sin abandonarlo a su suerte ni pretender convertirlo, pasando por encima de la realidad sociolingüística, en la (única) lengua común de los catalanes. Profesor de la Facultad de Traducción

e Interpretación de la UAB.