Análisis

No es la independencia, son derechos humanos

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Antoni Segura
Antoni Segura

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona

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Treinta y cinco años después de que España cediera a Marruecos la administración del Sáhara Occidental, que no la soberanía (no se puede ceder lo que no se posee), Rabat ha acabado violentamente con la protesta que se desarrollaba a unos kilómetros de El Aaiún. En el momento de escribir estas líneas había dado comienzo, aunque con malas perspectivas de continuidad, la reunión convocada en Nueva York porChristopher Ross,enviado personal del secretario general de Naciones Unidas, para intentar encontrar una salida al conflicto en el marco del plan de paz de la ONU -aceptado por las partes- de 1988, que, a pesar de los cambios introducidos (acuerdos de Houston de 1997, planes Baker I y II de 2001 y 2003), incluye la celebración de un referendo de autodeterminación. Es muy difícil no relacionar la intervención de ayer contra el campamento de El Aaiún con la intención de hacer fracasar la reunión. Rabat sigue creyendo que el statu quo vigente favorece su intención de anexionarse definitivamente la excolonia española.

Hasta hace unos años, el statu quo favorecía a Marruecos. Pero los cálculos de Rabat empezaron a saltar por los aires en el 2005 con la primera intifada de El Aaiún. Lo que Rabat no entendió entonces -y sigue sin entender- es que ya no se enfrenta a un grupo político surgido del desengaño de las promesas incumplidas por parte de la antigua potencia colonial, sino a unos jóvenes nacidos ya bajo la administración marroquí que reivindican lo que debería ser normal: el fin de la discriminación contra los saharauis, la igualdad de oportunidades, el acceso a un trabajo y a una vivienda dignos, la libertad de expresión y el respeto a los derechos humanos. Los acampados de El Aaiún no pedían la independencia, sino unos derechos básicos y fundamentales que cualquier Estado de derecho debería respetar. Sin embargo, la respuesta de Rabat ha sido muy poco inteligente: acabar por la fuerza con la protesta, con un resultado todavía incierto de muertos y heridos.

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La dirección de la intifada

La ministra española de Asuntos Exteriores,Trinidad Jiménez,ha pedido calma y el mantenimiento de las conversaciones de Nueva York para superar la tensión creada en El Aaiún. Pero, la intifada ni siquiera está en manos del Frente Polisario, sino de unos dirigentes del interior que muestran su disconformidad con las condiciones de vida de la población saharaui tras 35 años de administración marroquí. Y eso es mucho más difícil de desactivar que las exigencias de independencia proclamadas desde los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), porque no hay censura -Rabat impide el acceso de los medios de comunicación- que pueda ocultar lo que está pasando en El Aiún. La situación puede empeorar si la comunidad internacional no tiene el coraje de conminar a Marruecos a poner fin pacífica e inmediatamente a la situación de injusticia que padecen los saharauis. Al mismo tiempo, estaría bien que las asociaciones de derechos humanos marroquís demostrasen su credibilidad denunciando lo que acontece en el Sáhara Occidental. Y todavía estaría mejor si Rabat mostrase intención de rectificar.