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Fenómenos caniculares

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David Miró
David Miró

Periodista

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El verano político catalán ha dejado tras de sí algunos fenómenos caniculares que conviene analizar con vistas al otoño electoral que se avecina. Lo primero que llama la atención es que durante agosto CiU se ha mostrado mucho más activa que cualquiera de los socios del tripartito, que de hecho ya actúan cada uno por su lado con codazos y zancadillas más que visibles. Uno podía haber esperado unas vacaciones con el Govern en pleno movilizado y una oposición más tranquila y confiada en su ventaja demoscópica. Pero no ha sido así. La coalición nacionalista se ve obligada a echar cada día leña al fuego para evitar la distensión de su electorado, su maquinaria funciona a muchas revoluciones desde hace meses con un evidente peligro de recalentamiento y ni siquiera las altas temperaturas han servido para relajar el ritmo. Por el contrario, el candidato socialista continúa con su campaña entre presidencialista y zen, que sorprende por la sobriedad con la que camina hacia un precipicio que todos ven menos él, hasta el punto de que uno tiene la tentación de pensar que cuenta con alguna arma secreta o un superpoder escondido que se guarda para el último minuto.

Aunque es verdad que en los últimos días el PSC se ha reencontrado con algo que había perdido: relato. En realidad es más bien un contrarrelato, una campaña diseñada desde la aceptación de que CiU va por delante (autoengañarse no sirve de nada a estas alturas) y que es necesario revertir su mensaje de cambio, algo así como aplicar una llave de judo para hacer caer al contrario con su propio impulso. Una idea muy propia de la factoría deJosé Zaragoza.

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Pero sin duda el premio gordo se lo debería llevar el cerebro que ha conseguido que todo el mundo crea que el independentismo está a punto de llegar al Parlament después de 30 años de democracia. Tras ocupar portadas y telediarios de toda España por sus proclamas independentistas y su supuesto exceso de protagonismo, ahora ERC aparece difuminada, desdibujada, y parece que solo puede renacer de la mano deJoan CarreteroyJoan Laporta.Hacer desaparecer, cualHoudini,a un partido con 80 años de historia, es algo que niStalinsoñó cuando pretendió reescribir la historia del comunismo soviético y borró aTrotsky de las fotos. El surrealismo llega al extremo de que alguno de sus miembros quiere someter a votación una alianza con alguien que se fue del partido por voluntad propia y con un personaje humillado en las elecciones del Barça.Freudse frotaría las manos en la calle de Calàbria.

Con todo, los miembros del aún no extinto tripartito han logrado el milagro de continuar juntos unos meses sin que a nadie se le pase ya por la cabeza que se pueda reeditar la alianza de izquierdas. Y eso sí que tiene mérito y es un éxito.