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entrevista con el PRESIDENTE DE LA GENERALITAT

José Montilla: "La sentencia del Constitucional debilita la unidad de España"

ENRIC HERNÀNDEZ / Barcelona

En puertas de las elecciones, José Montilla afronta el reto de abanderar la defensa del Estatut y exigir al Gobierno su cumplimiento íntegro sin provocar con ello la ruptura entre PSC y PSOE. Lo que le lleva a proclamar que la sentencia del Estatut es un «fracaso» para el PP y, al tiempo, expresar su «indignación» con el Constitucional.

–¿No es contradictorio?

–El PP, al impugnar 201 preceptos, quería liquidar el Estatut, pero no lo ha conseguido. Dijo que rompería España, que daba privilegios a Catalunya e incluso que favorecía la poligamia, pero nada de eso ha pasado. Es más, la mitad de las leyes que desarrollan el Estatut han contado con el apoyo del PP. Ahora bien, no podemos decir que aquí no ha pasado nada. El Estatut ha salido afectado, con un artículo declarado inconstitucional, otros recortados y otros sujetos a interpretación. Por eso manifestamos nuestra indignación por cómo se ha producido esta sentencia y nuestro rechazo a su contenido.

–Usted suele criticar a quienes plantean callejones sin salida que conducen a la frustración. ¿Pretender que el tribunal no tocara ni una coma no era otro callejón más?

–Nunca dije que el Constitucional no estuviera legitimado jurídicamente para emitir sentencia, sino que, con su composición actual, estaba deslegitimado ética, moral y políticamente por la presencia de jueces con el mandato caducado, por la vacante sin cubrir y por la recusación sin precedentes de un magistrado. En estas circunstancias, cabía esperar de los miembros del tribunal altura de miras, una visión de Estado que no ha tenido.

–¿Cómo se propone rescatar los apartados mutilados del Estatut?

–En algunos casos el Constitucional fija una doctrina que un nuevo tribunal puede cambiar. Los efectos prácticos de los recortes probablemente serán pocos, pero lo importante son los efectos políticos y emotivos. El Estatut es también un símbolo. Se ha afectado gratuitamente la pieza central en que se sustenta el autogobierno catalán, votada además por los ciudadanos. Es un agresión que no afecta a un artículo u otro, sino a la dignidad del país. Y el problema no es solo de Catalunya; es de toda España: la sentencia no fortalece el proyecto común de todos los españoles, debilita la unidad de España. Y hace un gran favor a separatistas y separadores.

–¿Alienta la independencia?

–Seguramente, aunque eso requiere un análisis histórico más amplio. A lo largo de los siglos, fronteras, países e imperios han cambiado. No sé qué pasará en Catalunya dentro de 50 o de 100 años.

–En el PSOE no entienden que vaya a la manifestación del 10-J...

–Pero lo respetan, y muchos harían lo mismo en mi lugar. Debe ser una manifestación de afirmación como país, y por tanto plural. Todos con la senyera, que es lo que nos une.

–¿Queda alguien en el PSOE verdaderamente federalista?

–Su comité y su ejecutiva son federales, y si España se parece hoy a un Estado federal, aunque imperfecto. es por el PSOE, no por PP. Sin la izquierda en el poder Catalunya jamás hubiera tenido un nuevo Estatut.

–¿Realmente confía en forjar la unidad catalana en defensa del Estatut que tanto se reclama?

–Cuando conozcamos formalmente la sentencia y la analicemos, habrá un pleno extraordinario en el Parlament. Buscaré una posición común, aunque sea de mínimos, con las fuerzas que apuestan por el autogobierno catalán. Pero tampoco soy un iluso: estamos a pocos meses de las elecciones catalanas, y es normal que cada partido fije su estrategia de futuro en su programa electoral.

–¿Unidad también en Madrid?

–Podemos estar juntos en algunas cosas, pero en otras es muy difícil en campaña. La historia nos dice que siempre hay quien quiere jugar con ventaja. Ahora, para defender el autogobierno es muy importante que haya unidad aquí. Si hay unidad en Catalunya puede haberla en Madrid. Si aquí no hay unidad, nadie puede reclamarla en Madrid.

–¿Aun a costa de un choque entre el PSC y el PSOE?

–La unidad es para defender allí lo que acordemos aquí, no para apoyar propuestas unilaterales que alguien se saque de la manga. Yo quiero que haya unidad.

–En plena crisis, y a pocos meses de las elecciones catalanas, ¿ve a Zapatero en disposición de capitanear el plan de rescate del Estatut, reformas legislativas incluidas? Teniendo en cuenta que da por acabado el proceso de descentralización...

–Son cosas perfectamente compatibles. Entiendo que su prioridad sea la crisis; también es la mía. Pero una cosa no excluye la otra, los ciudadanos no lo entenderían. Hemos de ser capaces de hacer ambas cosas. Es el fin de un proceso y el inicio de otro. Hay objetivos pendientes.

–La crisis y las encuestas han instaurado una sensación colectiva de final de etapa. La fórmula del tripartito parece ya agotada...

–Evidentemente, abrimos una nueva etapa, y la forma del gobierno la decidirán los ciudadanos. El primer Govern de progreso tenía por misión ampliar el autogobierno; y el segundo, desarrollar el Estatut y dotar al país de las infraestructuras y las políticas sociales que necesitaba, en un momento de crecimiento económico. Esta es otra etapa, con una larga crisis y una sentencia que afecta al Estatut, aunque parcialmente. Hay que rehacer el pacto estatutario y reforzar la lucha contra la crisis.

Ante la magnitud de estos desafíos, CiU afirma que Catalunya necesita un gobierno fuerte...

–No sé qué quieren decir con eso de «un gobierno fuerte». ¿Un gobierno de CiU o con el PP? Lo que necesita Cataluña es un presidente claro y transparente, no uno que esconda sus convicciones,

–En este contexto, ¿tendría sentido un entendimiento PSC-CiU?

–Tiene sentido, y he predicado con el ejemplo, los acuerdos en los grandes temas de país: inmigración, investigación, educación, infraestructuras... Estos pactos serán necesarios en el futuro. Pero que nadie se engañe: gobierne quien gobierne, los próximos años no serán fáciles.

–No faltan quienes vuelven a apostar por la llamada sociovergencia...

–Creo que es bueno que haya gobierno y oposición, lo que no excluye los pactos en grandes temas de país.

–Se propuso evitar que las diferencias con sus socios dañasen el Govern. ¿Cree haberlo conseguido?

–Bastante, aunque es lógico que en un gobierno de coalición con tres partidos a veces afloren diferencias, que los medios reflejan porque el desacuerdo es más noticia que el acuerdo. Lo que pasa es que nos falta cultura de coalición: no se pide cohesión, sino monolitismo. Esto no pasa en otros países europeos.

–Existe la percepción de que la Generalitat advirtió de la gravedad de la crisis y predicó austeridad mucho antes que el Gobierno central...

–No solo la predicó, sino que la practicó. En el último trimestre del 2007 emprendimos las primeras medidas para recortar el gasto en más de 400 millones de euros. Lo hicimos para evitar que se disparara el déficit, al ver que se hundía la recaudación de algunos impuestos, como el de transmisiones. Aunque la economía aún crecía, percibimos la desaceleración del sector de la construcción. A principios del 2008 ya estaba claro, para mí, que estábamos en una situación de crisis. Por eso en abril del 2008 aprobamos un paquete de 42 medidas contra la crisis.

–En paralelo, en el 2007 el Gobierno central aprobaba el cheque-bebé. ¿El tijeretazo de Zapatero hubiera sido menos doloroso de haberse aplicado al inicio de la crisis?

–Seguramente, pero se tendría que haber aplicado igual. Lo que pasa es que estaríamos más preparados psicológicamente. Yo creo que nos esperan unos cuantos años de crisis. Nosotros, Catalunya y España, debemos asumir que se ha acabado eso de gastar financiando con cargo al déficit el dinero que te dejan unos terceros. No nos lo prestarán.

–Últimamente la corrupción se ha instalado en el debate político catalán. Parece que usted no veía con buenos ojos que el Parlament investigara los supuestos vínculos entre Millet y la financiación de CDC...

–Cuando hay indicios de irregularidades se tienen que esclarecer. Dicho esto, siempre he mantenido, ahora y antes, que no soy muy favorable a las comisiones de investigación cuando hay procedimientos judiciales abiertos. Es verdad que alguno de los procedimientos judiciales en marcha sigue para muchos un ritmo manifiestamente mejorable.

–La correspondencia de Millet indica que, supuestamente, negociaba el 4% de la comisión por las obras públicas que adjudicaba el Govern de CiU y la repartía con el partido.

–Si esto es así, al margen de la comisión de investigación, espero que la justicia, que es a la que le corresponde, tenga interés en investigarlo, y que CiU tenga interés en aclararlo.

–¿A usted el señor Millet le pidió algo alguna vez?

–No, nunca me pidió nada respecto a estos temas de actualidad.

–Pero usted sale citado en la correspondencia de Millet...

–Supongo que alude a cuando enviaba cartas a todos los grupos parlamentarios de Madrid para que apoyaran enmiendas a los Presupuestos Generales del Estado en favor del Palau de la Música. Era una práctica habitual, pero, al margen de eso, nunca me pidió nada concreto.

–Al inicio del caso del hotel del Palau, usted puso la mano en el fuego por el conseller Castells la víspera de que declarase ante la juez. ¿Sigue haciéndolo?

–Sí, sigo poniendo la mano en el fuego por el conseller y por el Govern.

–Si en el PSC la mera imputación suele acarrear el cese del cargo público, ¿por qué García-Bragado, imputado en el caso del hotel del Pala, sigue como teniente de alcalde de Barcelona?

–Esta doctrina tampoco es estrictamente así. Si se establecen paralelismos con Santa Coloma, son casos diferentes: allí el alcalde fue imputado, detenido y encarcelado. Son cosas muy distintas. Imputar a alguien es muy fácil. En cualquier denuncia con una mínima verosimilitud, si es admitida a trámite, puedes acabar imputado, aunque después el proceso se archive, Estar imputado no es estar acusado, ni procesado, ni condenado..

–Los casos Palau y Pretoria dejan sin argumentos a quienes reivindican la actividad pública y combaten el tópico según el cual todos los políticos son iguales. Y, además, los partidos tampoco han impulsado las medidas por regeneración democrática anunciadas...

–Creo que, pese a todo, hemos dado pasos hacia delante para que haya más transparencia. La ley electoral no la hemos podido aprobar porque necesita el apoyo de dos tercios del Parlament y a algunos ya les va bien la normativa vigente, de modo que no tienen interés en cambiarla. Como, por cierto, no quisieron cambiarla durante los 23 años que gobernaron, pese a que para ello no necesitaban permiso de Madrid.

–Muchas recomendaciones contra la corrupción de la Oficina Antifrau han caído en saco roto.

–Sí. Algunas se han incorporado a la legislación: se han modificado las leyes de urbanismo; finanzas públicas a la Generalitat, Sindicatura de Comptes; y Protectorado de Fundaciones. Y también se han hecho cambios que afectan a las subvenciones que da el Govern.

–Supongo que comparte el temor a que la abstención se dispare en las elecciones al Parlament. ¿Qué mensajes transmitiría a los ciudadanos para que vayan a votar?

–Primero, que no todos los políticos son iguales. La mayoría de los políticos son gente honesta, aunque igual algunos no lo sean. Y no todos hacemos política pensando en los mismos colectivos. A mí me preocupa el bien de la mayoría, en especial el de aquellos que más necesitan de la política porque no tienen recursos, las clases más débiles, las más desfavorecidas. Los poderosos ya hacen política con su influencia y su dinero.

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