PRECAMPAÑA DE LAS ELECCIONES AUTONÓMICAS

La mayoría desafecta

Los expertos vaticinan que la abstención y el voto en blanco sumarán más del 50% en las catalanas

Mesa electoral en el colegio Pau Casals de Barcelona, con motivo de las autonómicas del 2006.

Mesa electoral en el colegio Pau Casals de Barcelona, con motivo de las autonómicas del 2006. / ARCHIVo / ELISENDA PONS

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David Miró
David Miró

Periodista

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En las elecciones catalanas del 2006, la participación se situó en un pírrico 56,6%, cosa que llevó al Govern de la Entesa a encargar un informe sobre las causas de la desafección política y a lanzar ideas para combatirla. El informe fue coordinado por elexconsellerJosep Maria Vallès y se presentó en mayo del 2008. Entre otras muchas recomendaciones, como el desbloqueo de las listas electorales, figuraba la de dotar de mayor transparencia a la financiación de los partidos para evitar el descrédito creciente de la clase política.

Tres años después, y sin que ninguna de aquellas ideas se haya puesto en práctica, Catalunya se enfrenta a un cóctel explosivo formado por la crisis económica, los recortes sociales y los casos de corrupción en el ámbito público con presuntas ramificaciones en la financiación de los partidos. Si las previsiones de participación en las próximas elecciones catalanas ya eran sombrías, ahora se puede caminar hacia un resultado que puede leerse en términos de impugnación a la totalidad del sistema, a una catarsis que, si no es pilotada desde dentro por los partidos tradicionales, puede llevarse a alguno de ellos por delante.

DUDAS EN LOS PARTIDOS / «Es muy factible que en las próximas elecciones la suma de abstención y voto en blanco supere el 50%», afirma Mariona Ferrer, investigadora de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) que participó en el estudio de la Generalitat. Ferrer pronostica un aumento significativo del voto en blanco, que puede llegar al 5%, aunque no tiene tan claro que aumente la abstención. La razón es que la desafección puede traducirse en otros fenómenos como el voto a partidos minoritarios o, simplemente, el voto contra el Gobierno.

La situación es tan delicada que en los propios partidos dudan sobre qué hacer. De ahí los vaivenes dentro del PSC sobre la conveniencia de apoyar la creación de una comisión de investigación sobre el caso Palau y la presunta financiación irregular de CDC, y las críticas más explícitas expresadas por el presidente del Parlament, Ernest Benach, en el sentido de que esta iniciativa puede ahondar aún más en la desafección ciudadana. ¿Qué hacer? El dilema al que se enfrentan los partidos es el de, por una parte, no querer aparecer como cómplices de posibles tejemanejes, y por otra, el temor a dar la impresión de que se quiere sacar tajada política de la corrupción. En ambos casos la máxima catalana deno hi ha un pam de net puede convertirse en el fuego que alimente la insatisfacción con nuestro sistema político. Otro experto en participación política y actualmente afincado en Estados Unidos, Mariano Torcal, avisa de los peligros que acechan: «En este contexto, ciertos mensajes populistas pueden tener un mayor calado, por ejemplo, pueden propiciar discursos fáciles y carentes de rigor como el que exige, antes de otros gastos superfluos, recortar el sueldo a nuestros representantes».

En el último barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) de la Generalitat, hecho público el 21 de mayo, el 61,6% de los catalanes afirman estar poco o nada satisfechos con el sistema político. El 74,3% incluso se muestra convencido de que los políticos buscan su propio beneficio. En esa misma encuesta el voto en blanco, con una intención directa del 7,2%, se sitúa en tercer lugar por detrás de CiU (25%) y del PSC (17,5%). El índice de satisfacción política no ha parado de caer desde que se empezó a estudiar, en junio del 2005. La pregunta es obligada: ¿puede la desafección desembocar en una crisis de legitimidad del sistema democrático?

ACTORES CUESTIONADOS / «No es lo mismo, pero puede producirla a largo plazo», afirma Torcal, catedrático de Ciencia Política de la UPF. «Estamos todavía lejos de una situación como la italiana de los años 90, pero no conviene perder la perspectiva de lo que podría pasar si seguimos por ese camino». Incluso así cabe recordar que todos los estudios apuntan hacia un altísimo apoyo al sistema democrático. Lo que está en cuestión no es, en consecuencia, el sistema, sino los actores.

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La desafección no es un fenómeno catalán, aunque aquí se perciba ahora con mayor intensidad. El experto en política internacional Cesáreo Rodríguez Aguilera explica que «la desafección hace que ahora se vote más en contra de algo que a favor. En Europa de Este, los gobiernos que han durado más de una legislatura han sido una excepción». Este fenómeno puede favorecer a CiU en las próximas elecciones, a pesar de la aparición de casos de corrupción en sus filas. «Mi hipótesis es que la corrupción no penaliza por igual a la izquierda y a la derecha, como se ve claramente con el PP y latrama Gürtel», dice Ferrer. Para la investigadora de la UPF, en el caso catalán, «la combinación de la crisis económica, la medidas antisociales aprobadas por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero y los escándalos de corrupción en algunos ayuntamientos socialistas pueden hacer mella, sobre todo, en el electorado del PSC».

ASOMARSE AL ABISMO / El hecho de que el sistema esté pensado para seguir funcionando con una baja participación hace que se extienda el escepticismo sobre la voluntad de cambios profundos de los partidos tradicionales. Pero, al margen de originar un mapa político aún más complicado que el actual, si más del 50% de la población opta por no votar o hacerlo en blanco en las próximas elecciones, Catalunya se estará asomando al abismo. Y lo peor es que no será una sorpresa para nadie.