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Zapatero sale vivo, pero apaleado

Joan Tapia

El plan de austeridad, no muy diferente al de otros países de la UE, fue aprobado ayer por la mínima. Gracias a la abstención de CiU. ¿Qué implica para el futuro? Primero, que Zapatero sale vivo, pero muy apaleado de una prueba terrible. Ha sido temerario por partida doble. Por querer gobernar sin mayoría en plena crisis económica, picando de la izquierda o del nacionalismo centrista, y por haber valorado en exceso la fortaleza de nuestra economía. Creer que el bajo ratio de deuda pública/PIB (64,9% contra 78,8% de Alemania este año) era más decisivo que el déficit público anual (11,2% contra la media del 6% de la zona euro).

Pero este optimismo, keynesiano y socialdemócrata, ha sido sacudido por la crisis del euro y la desconfianza de los mercados en la deuda soberana. Y ha tenido que abrazar los recortes. El keynesianismo en un solo país es imposible. Ahora ha sabido rectificar. Si lo explica bien (sin márketing tontaina), si pone más Rubalcabas en el Gobierno, y si sabe encontrar aliados puede seguir vivo. Si no, sucumbirá con los presupuestos del 2011. El Zapatero soñador (el éxito de La Roja indica que superamos a Italia y Francia) ha muerto. ¿Puede hacer una política de rigor?

Es su única oportunidad. Y con los sindicatos debe lograr, como mínimo, un desacuerdo pactado. Tiene detrás al FMI, la OCDE, los gobiernos europeos y cierta comprensión de la opinión pública. La encuesta de este diario dice que el 50,2% no aprueba las medidas pero que el 58,2% las cree inevitables.

El líder del PP tampoco sale bien. Casi hace morder el polvo a Zapatero. Casi. Y a costa de mantener tesis muy contrarias a las de los políticos de centroderecha de la UE. Y de volver a evidenciar que prioriza la destrucción del adversario a todo. Además, flota la sensación de que, en el límite, CiU y PNV (o en turno pacífico) salvan a Zapatero. Mariano Rajoy volvió a pecar ayer de cascarrabias de provincias.

Josep Antoni Duran Lleida fue el rey del mambo. Hizo el discurso que le tocaba a Rajoy, dio satisfacción a su electorado, y a toda la ciudadanía, que lo que menos quiere es que las cosas vayan mal. Y descalificó al presidente, su interés electoral. Fue inteligente aunque algo oportunista. Pero sabe que solo el PSOE, o el PP, pueden gobernar. Y que el devaneo constante, aunque se vista de virtud cristiana, no lleva al cielo (ni al superministerio).

España está un poco mejor porque ha demostrado que su Gobierno sabe adoptar medidas inevitables pese a ser impopulares. Y que una no-mayoría se transmuta (milagro Duran) en mayoría raspada. No está mal. Pero el jefe del Ejecutivo peca de temerario al cuadrado, el líder del PP de cascarrabias de derechas y Duran Lleida, de oportunista sensato. Es lo que hay.

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