CONFLICTO LINGÜÍSTICO

A caballo entre dos tierras

Los ciudadanos de la Franja viven con normalidad su singularidad lingüística y, aunque oficialmente forman parte de Aragón, acuden a los hospitales y centros educativos de Lleida

Letreros bilingües 8 La popular panadería de Alcampell tiene su rótulo principal en catalán.

Letreros bilingües 8 La popular panadería de Alcampell tiene su rótulo principal en catalán. / DEFOTO / JAVIER MARTÍN

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SARA GONZÁLEZ
FRAGA

En su hogar, afincado oficialmente en territorio aragonés, hablan le genuina lengua de la comunidad autónoma vecina, aunque, bajo un sol de mediodía de justicia, también hacen la siesta propia de la meseta y el sur de España. Viven a caballo entre dos tierras e, incluso, entre dos culturas, burlando constantemente la voluntad divisoria de las fronteras.

Los habitantes de la Franja viven con toda normalidad su singularidad lingüística. Nada más entrar en Fraga (Baix Cinca), a unos 20 minutos de Lleida, la dicotomía entre catalán y castellano puede verse reflejada en los rótulos de las carreteras, o en los comercios. Sin embargo, en sus calles, en los corrillos de niños y ancianos o en la cola del supermercado se oye hablar catalán.

Eso sí, un catalán muy peculiar, fruto de una situación geográfica que propicia la mezcla. La tendencia lingüística de los habitantes de la Franja cambia cuando se dirigen a una persona desconocida. Es entonces cuando utilizan el castellano, la única lengua oficial de Aragón. Los propios vecinos de la Franja tienen la percepción de que su catalán es una lengua propia del ámbito privado que solo hablan con sus parientes, conocidos y amigos y que se conserva porque se trasmite de generación en generación.

Un idioma poco valorado

«Si tenemos que elegir, hablamos el castellano porque el fragatino es un catalán mal hablado», afirma Patricia Santamaria, una joven de Fraga de 17 años. Sus amigas asienten a pesar de que varias de ellas han estudiado en colegios de Lleida. Y es que la mayoría de los habitantes de las comarcas del Baix Cinca y la Llitera se visitan en el hospital de Lleida, llevan a sus hijos a escuelas catalanas o se licencian en la universidad leridana. Incluso muchos son, como dice un vecino de Alcampell,«catalanes de nacimiento y aragoneses de adopción»,porque nacieron en hospitales de la comunidad autónoma vecina a pesar de haber vivido toda la vida en la Franja.

«Soy aragonés hasta los poros», afirma Alfredo Ecequiel, un vecino de Fraga de 75 años. El sentimiento de pertenencia a Aragón es el más generalizado. Según explica el historiador de Valderrobres Manuel Siurana, uno de los problemas es que «la gente, que se siente aragonesa, tiene miedo de que el hecho de definir su lengua como catalán sea una injerencia de Catalunya dentro de su territorio». Mari Zapater, editora de una revista de Fraga, reconoce que uno de los problemas es el analfabetismo sobre el origen de la propia lengua.«Está claro que hay un tronco común, que es el catalán. A partir de aquí tenemos que saber defender lo nuestro»,dice Zapater.

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Una disputa más política

A pesar de todo, sientan o no que su lengua es catalán, todos coinciden en que el conflicto existe más en las altas esferas políticas que en la propia calle. Según Valentín Aísa, un profesor del instituto de Tamarit, los propios jóvenes«son conscientes de que les conviene aprender el catalán» y lo cursan voluntariamente dos horas a la semana. «La diferencia de la Franja no se plantea de manera agresiva, es una pluralidad muy normalizada»,concluye Aísa.