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Las actuaciones frente a la violencia terrorista

La memoria del otro Hipercor

El 'comando Barcelona' logró eludir la presión policial y perpetrar el atentado después de que ETA ordenara "golpear fuerte en Catalunya" un año antes de los Juegos Olímpicos

BERNAT GASULLA
BARCELONA

"Vete a Vic corriendo. Un atentado muy grave".

Mientras medio país se disponía a ver la final de la Copa de Europa entre el Estrella Roja de Belgrado y el Olimpique de Marsella, en la capital de Osona un zarpazo de ETA cerraba de una vez por todas el fantasma de los falsos idilios de algunas fuerzas catalanas con el terror. Nueve muertos; cuatro de ellos, niñas, hijas y amigas de las hijas de los guardias civiles destinados a la casa cuartel de Vic. Una cincuentena de heridos. Casi cuatro años después, un segundo Hipercor. Catalunya bramó contra el horror. "ETA ha declarado la guerra a Catalunya", sentenció un comunicado de ERC.

Aquel 29 de mayo supuso el inicio del fin de muchas cosas. Como con Hipercor. Joan Carles Monteagudo Povo, exintegrante de Terra Lliure (organización armada independentista de cuya infraestructura se valió en nombre de ETA), y Juan Félix Erezuma sembraban de coches bomba varias comunidades españolas. Formaban un comando itinerante que, tras el asesinato de seis policías en Sabadell en diciembre de 1990, se consolidó en el comando Barcelona. Quedaba muy poco para los Juegos Olímpicos y, tras esquivar la captura en varias ocasiones, recibieron una consigna manuscrita de la dirección de ETA, a través de un alcalde de Herri Batasuna. "Hay que golpear fuerte en Catalunya". El momento era decisivo.

La presión policial previa a los Juegos Olímpicos era intensísima. Unos 200 agentes seguían muy de cerca los movimientos de Joan Carles Monteagudo. A la vista del acoso, ETA decidió reforzar el comando Barcelona con la incorporación de Juan José Zubieta Zubeldia, procedente del comando Nafarroa. La llegada de Zubieta y el apoyo de una legión de colaboradores locales permitió a la reforzada célula etarra cumplir la consigna de la dirección. Sí, golpearon fuerte en Catalunya.

Niños en el patio

Robaron un Renault 11, lo cargaron con casi 100 kilos de amonal y lo orientaron a distancia hacia la puerta de la casa cuartel, incomprensiblemente abierta. Una rampa ayudó a los asesinos. "Ese coche no es de los nuestros", tuvo tiempo de alertar una mujer. El automóvil topó con una de las paredes y no explotó hasta que Monteagudo activó, también a distancia, los detonadores. Los etarras ejecutaron el atentado viendo cómo jugaban los niños en el patio del acuartelamiento.

"Vete a Vic corriendo". La policía cerró prácticamente todos los accesos. A partir de ahí los acontecimientos se precipitaron a una velocidad que dio pie a todo tipo de especulaciones. Pero una cosa es cierta: fue gracias a la información obtenida en los meses previos al atentado y, ciertamente, a la colaboración ciudadana que la Guardia Civil pudo localizar al comando en un chalet de la urbanización Can Salgot de Lliçà d'Amunt. Las fuerzas especiales del instituto armado mataron durante un tiroteo a Monteagudo y Erezuma. Zubieta fue detenido. Todo en menos de 24 horas, y antes del funeral de las víctimas. Zubieta fue condenado a 1.311 años de prisión.

Todo cambió a partir de aquel 29 de mayo. ETA nunca ha vuelto a disfrutar de apoyo ciudadano o político en Catalunya, ni siquiera durante la ola de atentados protagonizada en el periodo preolímpico por José Luis Urrusolo Sistiaga y Juan Jesús Narváez Goñi. Tras los Juegos, la cúpula del Ministerio de Interior se hundió en el fango del GAL. El acto de ayer cerró un poco más las heridas. Pero sigue la memoria. Como con Hipercor.