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Videopódcast 'Sobre (vivir) a la crianza'

Erika Barba-Müller, psicoterapeuta: "Durante el embarazo y el posparto hay cambios en la identidad similares a la adolescencia"

Samanta Villar aborda con dos especialistas cómo el embarazo transforma el cerebro materno, afina la conexión con el bebé y puede aumentar la vulnerabilidad emocional en el posparto

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Samanta Villar

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Durante meses muchas mujeres sienten que están más despistadas, más sensibles o más volcadas en todo lo que tiene que ver con su hijo antes incluso de que nazca. No es una exageración ni una debilidad: el cerebro materno cambia de verdad. Este es el punto de partida de este nuevo episodio de ‘Sobre (vivir) a la crianza’, en el que ponemos nombre científico a una experiencia que muchísimas madres reconocen, pero que aún sigue demasiado invisibilizada.

La idea de que el embarazo “atonta” a las mujeres se desmonta en cuanto se escucha a las expertas. Lo que ocurre, explican, no es una pérdida sin más, sino una reorganización profunda orientada a la supervivencia de la cría. Dicho de otro modo: mientras una madre puede olvidar unas llaves, su mente se vuelve mucho más fina para detectar el llanto, anticipar una necesidad o permanecer en alerta ante cualquier señal del bebé.

El cerebro que se prepara para cuidar

En este capítulo, Erika Barba-Müller, doctora en neurociencias y psicoterapeuta, explica que durante la gestación se producen reducciones en el volumen de sustancia gris. Lejos de interpretarlo como un deterioro, la investigadora lo define como una especialización del cerebro para facilitar el vínculo, la empatía y la lectura de las necesidades del recién nacido.

Esa transformación forma parte de la preparación del llamado instinto maternal. La madre no se vuelve menos capaz: se vuelve distinta. Su atención se jerarquiza de otra manera, y lo que antes ocupaba el centro puede pasar a un segundo plano. Cualquiera que haya criado reconoce esa sensación de vivir absorbida por el bebé, como si todo lo demás perdiera nitidez durante un tiempo.

Junto a ella participa Eva Solé, psiquiatra especializada en salud mental perinatal, que recuerda que esta reorganización biológica convive con una enorme exigencia cotidiana. Porque una cosa es que el organismo se prepare para cuidar y otra muy distinta es hacerlo en soledad, sin descanso suficiente, sin red de apoyo y con la presión de seguir rindiendo como si nada hubiera cambiado.

Cuando la adaptación deja de ser llevadera

Hay una cuestión que a muchas madres les cuesta verbalizar: no todo malestar es “normal” por el hecho de haber parido. Hay altibajos esperables, sí, pero también señales que obligan a mirar más de cerca. La tristeza persistente, la ansiedad, el miedo constante o la imposibilidad de disfrutar de nada pueden ir mucho más allá del ajuste inicial.

Solé insiste en que no conviene banalizar ese sufrimiento. Habla de depresión posparto, de ansiedad, de estrés postraumático vinculado al parto y de trastornos del vínculo. También distingue entre el conocido maternity blues de los primeros días y un malestar que se enquista y empieza a alterar la vida diaria. Ahí ya no hablamos solo de cansancio: hablamos de salud mental. Y aquí aparece una de las ideas más potentes del episodio, especialmente reconocible para cualquier madre: imaginar accidentes, peligros o tragedias puede formar parte de esa hipervigilancia protectora. El problema empieza cuando ese miedo deja de ser una alarma interna y se convierte en una cárcel que impide salir, delegar o respirar.

La crianza no se sostiene sin red

La sociedad sigue tratando el embarazo y la maternidad como procesos íntimos, casi privados, cuando en realidad tienen una dimensión colectiva enorme. Si una mujer atraviesa una transformación cerebral, física y emocional de esta magnitud, lo razonable sería que el entorno estuviera preparado para sostenerla.

Sin embargo, la realidad suele ir en dirección contraria. Muchas siguen trabajando hasta el límite, llegan al parto agotadas y afrontan la crianza con escasos recursos. Por eso las expertas con las que hablamos subrayan la importancia de la comunidad, del acompañamiento de la pareja y de sistemas sanitarios capaces de detectar a tiempo el sufrimiento psíquico en el embarazo y después del nacimiento.

Hay una frase del episodio que resume bien el malestar de muchas familias: "el sistema no está pensado para criar". No basta con admirar la fortaleza de las madres; hace falta dejar de dar por hecho que pueden con todo mientras su mundo interno se reconfigura por completo.

Una huella que permanece

La transformación del cerebro materno no desaparece sin más. Según explica Barba-Müller, hay una recuperación parcial, pero queda una huella duradera. Ser madre deja marca también en la arquitectura cerebral. Y eso, lejos de ser una mala noticia, abre una lectura menos culpabilizadora y mucho más justa sobre todo lo que cambia para una mujer cuando tiene un hijo.

Sobre (vivir) a la crianza - El cerebro del embarazo

Sobre (vivir) a la crianza - El cerebro del embarazo

Quizá muchas madres no estaban exagerando cuando decían que ya no eran las mismas. Tal vez lo que faltaba no era voluntad ni organización, sino una conversación pública y sincera sobre lo que implica maternar desde dentro.

Dónde ver y escuchar 'Sobre (vivir) a la crianza'

Podrás escuchar 'Sobre (vivir) a la crianza' cada domingo en las principales plataformas de pódcast: Spotify, Ivoox, Apple Podcast, Podimo, Amazon music y Youtube.

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