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TESTIMONIO

El calvario familiar detrás de una muerte fantasma

Manuela Díaz, de 69 años, murió atropellada en México por un vehículo que se dio a la fuga y del que no se sabe nada porque no se abrió investigación

Sus hijos explican las trabas a la hora de repatriar e incinerar el cuerpo y su relación con las autoridades: "Nos sentimos indefensos"

Manuel Arenas

Los hermanos hermanos Báez Díaz, hijos de Manuela. De izquierda a derecha: David, Maria José y Jennifer.

Los hermanos hermanos Báez Díaz, hijos de Manuela. De izquierda a derecha: David, Maria José y Jennifer. / ANNA MAS TALENS

Manuela Díaz Jiménez (Alcaudete, Jaén, 1948-Quintana Roo, México, 2017) nunca había salido de España hasta junio del año pasado. Era una mujer activa, viuda y ama de casa en Parets del Vallès: a sus 69 años, se mantenía con una pensión de 600 euros. Al cobrar unos 10.000 euros de una herencia familiar, sus dos hermanas la convencieron para hacer juntas un viaje turístico a México con la hija (16 años) de una de ellas. Sería la primera y última vez que cogería un avión.

El 27 de junio del 2017, un día después de aterrizar en México y asentarse en el hotel Grand Bahía Príncipe Tulum, las cuatro mujeres decidieron hacer una excursión a Playa del Carmen, uno de los principales destinos turísticos de la zona, al sur de Cancún. Desde el hotel les recomendaron coger un autobús de línea que paraba enfrente del mismo, en la carretera Cancún-Tulum.

"Una ranchera sin luces apareció de la nada y se la llevó por delante", explica la hermana de la víctima

A la vuelta de la excursión, el bus las dejó al otro lado de la vía, que tiene tres carriles de ida y tres de vuelta, separados por una estrecha isleta con césped y sin paso de cebra cercano. Eran las 20:00 h mexicanas cuando, al estar a punto de cruzar los segundos tres carriles para llegar al hotel, “una ranchera sin luces apareció de la nada, dio un golpe de volante y se llevó por delante a Manuela”, según explicó una de sus hermanas, Mercedes, a los hijos de la víctima.

Mercedes, su hermana y la menor son los únicos testimonios de los hechos y se desconoce todo lo demás: no existe atestado policial ni se abrió investigación. Como causa de la muerte oficial, el certificado de defunción, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, habla de “hemorragia intracraneal, fractura de cráneo y traumatismo craneoencefálico” a raíz de un “accidente en carretera”. Nada más. Los hechos, ahora bien, encajan en lo que en México se conoce popularmente como ‘carros fantasma’: coches que salen de la nada, atropellan –en ocasiones bajo efectos del alcohol y a mucha velocidad- y se dan a la fuga. Sin ir más lejos, en diciembre una turista canadiense fue atropellada en la misma carretera que Manuela.

Una repatriación traumática

Tras meses de dolor, la familia de Manuela cuenta ahora la experiencia de una repatriación tan trastabillada como traumática. “Suerte que los gastos nos los ha cubierto el seguro de decesos que tenía contratado

El certificado de defunción corregido llegó al límite de lo previsto para poder incinerar

Manuela, si no los hubiéramos tenido que sufragar nosotros [tal y como informa el consulado]. Aun así, ha sido una auténtica odisea”, sostiene Bernabé Guerrero (Parets del Vallès, 1975), yerno de Manuela, que se ha encargado de las arduas gestiones.

“Al principio todo eran pegas sobre el avión, y después el certificado de defunción nos llegó erróneo: en vez de tipificar la incineración, como habíamos pedido desde el principio según la voluntad de Manuela, ponía que el cuerpo se iba a inhumar”, apunta Guerrero. Ahí empezó el gran calvario: la funeraria le dijo a la familia que o el certificado correcto llegaba en el plazo de un mes desde el fallecimiento, o tendrían que inhumar el cuerpo y hasta pasados 5 años no podrían incinerarlo.

“Gracias al Ayuntamiento de Parets, que nos ayudó en todo momento, la funeraria aguantó el cuerpo un día más de lo previsto, y el certificado corregido, para el cual tuvimos que pagar 1.600 euros [vía abogada contactada a través del consulado], llegó a las 4 de la mañana de ese mismo día”, suspira María José Báez (Badalona, 1971), hija de Manuela.

Los hermanos Báez Díaz, hijos de Manuela. De izquierda a derecha: Maria José, David y Jennifer. / ANNA MAS TALENS 

“Hacen negocio”

Además de la cuestión documental, el cuerpo, una vez llegó a Barcelona, regresó a Madrid por una negligencia y lo tuvieron que volver a traer en otro avión, por lo que desde el aeropuerto de Barcelona se disculparon con la familia.

"Estábamos desesperados, no sabíamos qué hacer. Las agencias de viajes no informan", denuncia una hija

Preguntados por la falta de investigación del caso, los hermanos Báez Díaz tienen multitud de sospechas e incertidumbres. “No entiendo por qué les dijeron que cogieran un autobús de línea, porque cuando yo fui de viaje de novios decían que estaba totalmente prohibido”, dice David Báez (Santa Coloma de Gramenet, 1978), hijo de Manuela. “Estábamos desesperados, no sabíamos qué hacer. El problema es que a las agencias de viajes de aquí no les interesa informar de lo que hay en esos países para seguir teniendo clientes”, denuncia Jennifer Báez (Santa Coloma de Gramenet, 1976), tercera hija de Manuela.

Por su parte, Bernabé Guerrero afirma que “yo no creo que el hotel o el bus de México estén compinchados en nada, pero sí que no se investiga porque no interesa; porque cuando ocurre el accidente, se activan una serie de mecanismos mediante los que desde allí hacen negocio. Cuando pregunté en el consulado por qué no se investiga, me dijeron: ‘México es muy bonito, pero tiene estas cosas’”.

La relación con el consulado

Guerrero explica que el cónsul español en México, José Pintor, le propuso, por agilizar los trámites, incinerar el cuerpo en México. La familia, sin embargo, se negó porque “por dignidad, queríamos poder 

La familia dice haberse sentido "indefensa" y "sola" ante la muerte en México de Manuela

despedirnos de nuestra madre”,  consideran los tres hijos.

La familia dice haberse sentido “indefensa” y “sola” ante la muerte en México de Manuela Díaz. “Con los impuestos que pagamos, el consulado de nuestro país debería estar para algo más que para pasarnos el contacto de una abogada mexicana, por ejemplo para procurar que se investigue. Si no, ¿quién lo hace?”, se pregunta Bernabé Guerrero. Fuentes de la Oficina de Información Diplomática se excusan en que en este tipo de casos el consulado no pide de mutu propio el atestado ni que se investigue, sino que “es la familia la que debe pedirlo para que se tramite”, algo que los Báez Díaz ratifican que ocurrió.

“Por si pasa otra vez, queremos que la gente sepa que este tipo de atropellos son más comunes de lo que pensamos”, concluye Jennifer Díaz, a quien reafirma su hermano David: “No nos explicamos cómo puede ser que no se haya investigado. Encima de que matan a tu madre, te ves más solo que la una”.

Los 'carros fantasma' en México

Aunque desde la Oficina de Información Diplomática afirman que no existen estadísticas sobre las causas de muerte de los españoles en el extranjero, no son pocas las noticias en los diarios mexicanos sobre vehículos fugados tras atropellar. Justo un día antes de la muerte de Manuela, por ejemplo, se publicó que a diario se registran en Quintana Roo [el estado donde murió] por lo menos 80 accidentes de tráfico. El pasado 23 de enero, en Quintana Roo, un hombre que iba en bicicleta fue atropellado por un camión, que nuevamente se dio a la fuga.

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