
Director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y catedrático de medicina molecular de la Universidad de Leicester.
Los peligros del péndulo
Ni siquiera los años más oscuros del mandato de Bush Jr. se pueden comparar con el pogromo que ha organizado Donald Trump en su retorno a la Casa Blanca

El presidente de EEUU, Donald Trump, empuja al talento científico hacia Europa y España acelera la captación / Europa Press/ Yuri Gripa / Europa Press
A finales de los años 90, EEUU era la tierra prometida para la investigación. En la recta final de su mandato, Bill Clinton estaba cumpliendo la promesa de doblar el presupuesto estatal de investigación. Esto, sumado a la facilidad para conseguir visados de trabajo, hizo que muchos emigráramos sin pensárnoslo dos veces. El país se convirtió en el principal polo de atracción de talento científico del mundo.
La llegada al poder de George W. Bush en 2001 rompió el flujo. La ciencia dejó de ser una prioridad y las fronteras se volvieron menos permeables, mientras que el Estado empezaba a marcar la agenda de investigación cortando la financiación de líneas que no consideraba prioritarias, a menudo por cuestiones meramente ideológicas. Los efectos de este cambio de política se empezaron a notar despacio, y muchos acabamos marchándonos hacia Asia o Europa, donde las condiciones eran más favorables.
Pero ni siquiera los años más oscuros del mandato de Bush Jr. se pueden comparar con el pogromo que ha organizado Donald Trump en su retorno a la Casa Blanca. La fijación por combatir todo lo que le parece demasiado intelectual le ha llevado a recortes nunca vistos de los presupuestos de investigación, de entre un 20% y un 50%, de momento (las previsiones son todavía peor de cara a 2027). Así, el dinero que se ahorra en hacer avanzar el conocimiento lo puede invertir en guerras o en remodelaciones ilegales de edificios históricos. Pero lo que todavía es peor es la interferencia tan disruptiva en la agenda de los centros de investigación, que ha llevado al Gobierno a marcar lo que se puede o no se puede investigar en función de sus caprichos y en contra de lo que dicen los datos o quienes saben más del tema. Este nivel de destrucción del tejido intelectual era inaudito hasta ahora en países democráticos.
Los científicos estamos acostumbrados a movernos por el planeta en función de donde sopla el viento. La nuestra es una profesión nómada que sigue el llamamiento del dinero, no para enriquecernos, sino para poder financiar lo que realmente nos gusta, que es generar conocimiento. Un conocimiento que, recordémoslo, es la clave del progreso y de la constante mejora de la calidad de vida de los humanos. Siempre acabamos yendo hacia donde la economía es más fuerte y los líderes que la controlan son más visionarios. Considerada en este contexto, la crisis que vive EEUU no nos tendría que sorprender ni de alarmar, porque es parte del flujo histórico, un péndulo que siempre ha estado en movimiento.
Ahora bien, esta vez el péndulo está oscilando demasiado hacia el otro lado y costará mucho que vuelva a un lugar razonable. Que se recompense la ignorancia dándole poder (por ejemplo, poniendo a Kennedy como secretario de Salud) es un peligro no solo para el país que lo tiene que sufrir, sino para todo el mundo, porque se convierte en un antecedente a imitar. No se habla tanto, pero los científicos argentinos también están considerando el éxodo masivo como única posibilidad de supervivencia. Como se siga popularizando el “que inventen ellos”, acabará no quedando nadie con suficientes recursos para innovar.
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