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Un curso para estudiar la escuela

Las familias se encontrarán con algunas cuestiones tan habituales como tangibles y reales

Tres niñas en un colegio.

Tres niñas en un colegio. / José Pérez Curbelo / PIM

La vuelta a la escuela ya está aquí. Esta semana para los docentes, el próximo 8 de septiembre para los alumnos de los centros de toda Catalunya de infantil, primaria y secundaria. Será una apertura de puertas condicionada por la vigente convocatoria de huelga de parte de los sindicatos del sector para ese día, pero con novedades, inquietudes y debates que van mucho más allá de este conflicto.

En primera instancia, las familias se encontrarán con algunas cuestiones tan habituales como tangibles y reales. Según un informe reciente de la Síndica de Greuges, los gastos escolares no cubiertos por la gratuidad de la enseñanza pública y concertada durante el curso alcanzan los 948 euros en primaria y los 573 en secundaria, unas cifras que pueden acercarse a los 4.000 euros en la red concertada. El sistema de becas no alcanza a compensar todos los casos en que la posibilidad de hacer o no frente a este ‘copago’ supone un factor de desigualdad. Durante las primeras semanas de clase las escuelas se toparán también con otro problema creciente, las necesidades de climatización.

En otros ‘clásicos’ de la rentrée escolar, hay brotes verdes: el cambio de sistema de asignación de plazas en Formación Profesional ha reducido drásticamente el número de alumnos pendientes de destino, con un aumento de plazas que intenta seguir el ritmo de la tantas veces reclamada revitalización de una forma modalidad vista cada vez más como una alternativa práctica y flexible y con un prestigio recuperado; en seis años, las matrículas han crecido un 32%. La secundaria también se deberá adaptar a modificaciones en los currículos (desdoble de las matemáticas, reducción del peso del trabajo de investigación, desaparición de los ‘ámbitos’ que desdibujaban las materias), algunos emprendidos desde la administración, otros aplicación de sentencias judiciales que tienden a reducir el margen de interpretación de la legislación educativa desde el Govern y los centros.

Pero más allá de la logística escolar, hay preocupaciones más de fondo, que señalan a este curso como un periodo de debate del sistema mismo. Empezando por la inquietud compartida por los resultados de competencias y conocimiento en el contexto de otras economías desarrolladas. Aunque este año el fracaso de las pruebas PISA impida que los resultados de Catalunya vuelvan a ser comparables. Estará sobre la mesa el debate sobre la necesidad de garantizar de forma efectiva el proceso de aprendizaje, que requiere de habilidades y de conocimientos.

El replanteamiento de hasta en qué casos la escuela inclusiva es positiva para la integración de los alumnos con necesidades especiales y el resto de sus compañeros con los recursos de que se pueda disponer, y en qué casos son las escuelas especiales las que pueden ofrecer una atención más adecuada. La revisión sobre el papel de los padres, que oscila desde la necesidad de reclamar su implicación corresponsable y la de que respeten la responsabilidad y conocimiento de los docentes. Y también el papel de las nuevas tecnologías. Si hace apenas dos cursos el gran debate era el del móvil en la escuela, este ha pasado a un segundo plano una vez establecido un marco que fija reglas y límites pero sigue viendo a la escuela un lugar donde educar en su uso, en lugar de ignorarlo.

Con la IA este proceso de maduración esta en sus inicios, con la escuela intentando fijar su papel, que ha de ser activo, de tutela, guía y formación. En las nuevas tecnologías, y en todo el proceso educativo. Serán necesarios acuerdos en torno a dilemas que son las grandes prioridades, aunque se parta de posturas a menudo difícilmente compatibles.