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Opinión | El mar alrededor

Carol Álvarez

Carol Álvarez

Subdirectora de El Periódico

La Barcelona que mira China

La ciudad aspira a ser una puerta de entrada clave para el capital y el turismo asiático, revalorizando su oferta cultural y urbana

Un avión de pasajeros aterriza en el aeropuerto internacional de Beijing

Un avión de pasajeros aterriza en el aeropuerto internacional de Beijing / WU HAO

Hace solo unos meses, pensar en rutas transoceánicas que cruzaran territorio chino daba que pensar. La guerra de Irán mantenía el golfo Pérsico en suspense y los aeropuertos chinos aparecían como una alternativa inquietante: eficiente, sí, pero proyectada bajo la sombra de sus políticas internas y de sus alianzas con la Rusia de Putin. Pero el hub de Shanghái ha resistido y hasta se ha fortalecido a cuenta de los bandazos de Trump, que alientan la desafección de Occidente hasta extremos inéditos.

Ahora vemos al alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, reivindicar desde el Foro de Diálogo de Alcaldes España-China que Badalona Sud es el segundo polígono español con más empresas chinas, más de 300. Otro día descubrimos que China ha desbancado a Alemania como principal proveedor de bienes de España. No debería sorprendernos: ningún Gobierno puede ignorar las posibilidades de un país convertido en el gran exportador del planeta.

Barcelona y su área metropolitana aspiran a ser una de sus puertas de entrada. Para el capital, desde luego, pero también para un turismo que llega con otros intereses. Mientras el clima extremo amenaza al todavía dominante modelo de sol y playa, el turista chino busca gastronomía, cultura y experiencias urbanas. Barcelona concentró a la mitad de los visitantes procedentes de China que viajaron a España, según los últimos datos disponibles, y su presencia no ha dejado de crecer desde la pandemia.

La importación de bienes chinos ya puede transformar nuestros hábitos de consumo. El turismo, en cambio, nos interpela de otra manera: obliga a decidir qué ciudad queremos ofrecer y, sobre todo, qué ciudad queremos habitar.

Un turista en crecimiento desestacionalizado, que no busca el sol y conecta con otras propuestas de nuestra cultura, es otra palanca más para repensar una propuesta al mundo que nos encaje como sociedad. Mejor transporte, diversificación de los puntos de interés turístico, y diálogo constante con los barrios son ingredientes imprecindibles de una receta de éxito.

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