
Catedrático emérito de derecho civil. Universitat Pompeu Fabra
Inteligencia artificial, arte y música
Hay una infinidad de sistemas de IA. Sus productos artísticos son correctos, pero carecen de la unicidad de las cosas hechas a mano, todavía no vibran y tienden a la sosedad
Spotify lanza una función que distingue artistas humanos de contenido generado por IA

Val Kilmer, recreado con IA en el filme 'As deep as the grave'. / As Deep as the Grave
Hace diez años 'El nuevo Rembrandt' causó sensación. Era un cuadro al óleo a la manera de los pintados por el verdadero Rembrandt, pero había sido elaborado por la agencia holandesa J. Walter Thompson Ámsterdam, utilizando tecnología 3D e inteligencia artificial proyectadas sobre 168.263 fragmentos de las 346 obras que se conservan del gran pintor holandés del siglo XVII. El resultado, accesible en internet, era tan previsible -el retrato de un hombre de mediana edad- como inimaginativo.
Hoy hay una infinidad de sistemas de inteligencia artificial generadores de arte, como Adobe Firefly, ChatGPT, Midjourney y muchos otros. Sus productos son correctos, pero carecen de la unicidad de las cosas hechas a mano, todavía no vibran y tienden a la sosedad. Pero no quiero exagerar: cada vez son mejores y se confunden crecientemente con las obras que los mejores artistas y artesanos hacen con su cabeza y sus manos, pero sin la ayuda de la inteligencia artificial.
Ocurre igual con la música. Así, para quienes gustan del Country, la gran Taylor Swift, los igualmente memorables Johnny Cash, Dolly Parton, George Strait, o el contemporáneo Morgan Wallen todavía ganan a Breaking Rust, cuya canción 'Walk my Walk', ha tenido bastante éxito. La canción, generada por inteligencia artificial, llegó al número uno en el Billboard Country Digital Song Sales de noviembre de 2025, consiguió tres millones de reproducciones en Spotify y 200.000 seguidores en la versión del mencionado Breaking Rust, un artista igualmente ficticio creado por el -tal vez- muy real Aubierre Rivaldo Taylor. La canción se desarrolló mediante la aplicación de herramientas de inteligencia artificial generativa para producir voces, instrumentación y letras, sin la participación de intérpretes humanos.
Parecidamente, el Festival de Bayreuth de este año 2026 celebró su 150 aniversario, con una escenografía visual creada por inteligencia artificial a cargo de Marcus Lobbes. El teatro se partió en dos: el público aplaudió con calidez a los músicos y cantantes, así como a Christian Thielemann, su director musical, pero abucheó con fogosidad la producción, la cual, para muchos espectadores, había convertido el escenario en un pandemónium, literalmente, un lugar de todos los demonios.
En la escenografía de Bayreuth, el sistema de inteligencia artificial recorre los materiales de archivo de un siglo y medio de producciones del ciclo del Anillo del Nibelungo como punto de partida para proyectar imágenes sobre una pantalla del tamaño del escenario. El sistema incorpora cronológicamente la imaginería, pues la va tomando de acontecimientos sociales y políticos de cada año de la historia del Festival. Cada escena, explica Flora Willson, del diario 'The Guardian', empieza con una fuente del Festival de 1876, pero lo que aparece a continuación lo determina el sistema en tiempo real durante la representación. Los cantantes, profesionales tan respetados como Michael Volle, Klaus Florian Vogt, Elza van de Heever, Camila Nylund, Mika Kares, Gerhard Siegel, Peter Rose o Christa Mayer, cumplieron de sobra, pero muchos espectadores salieron de la representación con la vieja idea de que lo mejor que podían haber hecho era cerrar los ojos y escuchar con atención la música.
Aunque he asistido varias veces al Festival, mi impresión es que esta vez no me equivoqué al quedarme en casa. A ver el año que viene: las producciones se pulen y, quizás, el verano próximo o los siguientes conseguirán encauzar el torrente de imágenes y las cosas se dejan ver de mejor manera, o al menos, de menos mala.
La inteligencia artificial está para quedarse. Como todas las revoluciones tecnológicas, puede ser atacada: la primera fábrica textil de Barcelona que usó maquinaria de vapor fue incendiada en 1835 durante un tumulto ludita. La electrificación estuvo detrás de la huelga general en toda Catalunya de 1919, que siguió al conflicto de La Canadiense, paralizando Barcelona durante un mes y medio, pero también trajo la jornada de ocho horas. Y hoy, las discusiones sobre la energía nuclear todavía no han logrado retrasar la absurda decisión de cerrar las centrales catalanas de Ascó I, Ascó II y Vandellós, en 2030, 2032 y 2035, respectivamente. Pero el aplazamiento llegará. En todo caso, si usan inteligencia artificial en sus productos o servicios, háganlo saber, dejen constancia de ello.
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