
Experto en defensa, en riesgo geopolítico y asesor en relaciones internacionales
Y Hungría se quedó sin periódicos de papel
A pesar de Hungría, hay futuro para la gran prensa europea, con letras y contenidos que fomentan el debate, y que merece la pena leer

Uno de los 80 quioscos que hay en el Eixample, en la Gran Via con Aribau. / Ricard Cugat
Uno de recuerdos de infancia recurrentes en una Alemania de clase media son los desayunos con los padres, los domingos por la mañana, pongamos cerca de Frankfurt, toda la familia leyendo por ejemplo el 'FAZ'. Los diarios alemanes no están grapados y las secciones del día vienen separadas; así las pueden leer fácilmente varias personas a la vez. Esa suscripción, y dichos ágapes, daban lugar a conversaciones sobre política, cultura y sociedad; en definitiva, sobre valores.
El 1 de agosto, 'Magyar Nemet' dejaba de publicarse, y con ello Hungría se convertía en el primer país de Europa sin periódicos de papel. Pasará a ser un semanario. En julio había cesado la distribución de 'Nepszava', un diario con 153 años de historia. Desde 'Balkan Insight', Edit Inotai se preguntaba si su país se había convertido en un “triste creador de tendencias”. Bajo el eslógan “reportando sobre la democracia”, el digital habló con Agnes Urban, experta en medios: “No nos engañemos; mi madre de 83 años echará de menos a 'Nepszava', pero mis estudiantes están más preocupados por los bosques que por el futuro de diarios de política”.
Hungría es un caso especial. La era Orbán habría tenido algo que ver con la desaparición de otros periódicos como 'Nepszabadsag', en su día líder en el país. “Tomó el control” de muchas empresas y las mantuvo “a flote mediante publicidad estatal y contratos”. Sin embargo, la politización de algunos medios les hizo perder credibilidad y lectores.
Urban ve a los diarios de papel amenazados en los países europeos medianos y pequeños, por una cuestión de costes de impresión y distribución, frente a modelos de negocio digital basados en ‘paywalls’ y ayudas europeas, mientras que la publicidad tradicional se recupera lentamente. Está preocupada por el legado para futuros historiadores. “Las noticias online pueden simplemente desaparecer” si un día “cierran los servidores”.
En 'El diablo viste de Prada 2', un film superficial y llevadero sobre la revista ficticia de moda 'Runway', el personaje de Stanley Tucci viene a decir que siguen teniendo una “carísima” edición de papel, que “ya no lee casi nadie”. Fast Company publicaría que, en tiempos de “fatiga digital”, dicha revista tuvo “un mejor año que la mayoría de magazines reales”. A su vez, el 'Columbia Journalism Review' habló de la búsqueda del “mítico salvador billonario”. Veinte años después, “internet destruyó un modelo de negocio” en el que revistas de papel “como la ficticia 'Vogue'” capturaban caché e influencia.
En Viena, los tradicionales cafés siguen ofreciendo toda una colección de periódicos del día. Cierto es que un café vienés es caro, y que la ciudad les ayuda por ser patrimonio cultural. Pero incluso en algunos McDonalds sigue habiendo diarios de papel. Lo mismo sucede en los aeropuertos de Alemania y Austria, donde sociedades gestoras, y algunas aerolíneas, pagan suscripciones para que los pasajeros pueden llevarse periódicos al avión. Algunos, como 'Der Standard', ofrecen una edición ‘kompakt’ adicional, de dimensiones y extensión reducidas, de lunes a viernes, con suscripción económica que ofrece 'pack' con el diario clásico el fin de semana. En 2023 causó revuelo el fin de la publicación del 'Wiener Zeitung', nacido en 1703 y hasta entonces el periódico en activo más longevo del planeta.
En Alemania, lejos quedan los 5 millones de copias diarias que llegó a vender el 'Bild Zeitung'. Desde 2017, las ventas del tabloide en papel han ido bajando, de los 1,3 millones a los aproximadamente 920.000 ejemplares actuales. Su propietario, el influyente grupo Axel Springer, destaca por los contenidos y análisis de sus buques insignia, el diario 'Die Welt', y las plataformas 'Business Insider' y 'Politico', con extensa presencia internacional y formatos híbridos, basados en lo digital, con ediciones de papel y otras iniciativas mediáticas.
Y ahí está la clave. A pesar de Hungría, existe un futuro alentador para la buena prensa, si se centra en la excelencia de sus contenidos, la combinación creativa de formatos, el esfuerzo diario para llegar a nuevas audiencias sin que ello comprometa la calidad final del producto. Asimismo, existe un futuro para las sociedades que valoren el rol de su prensa libre, y el necesario fomento del debate político para no comprometer la democracia.
Nos seguiremos viendo en grandes publicaciones europeas, con letras y contenidos que merece la pena leer.
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