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Pisos de menos habitaciones

Pisos de promoción pública en las Glòries

Pisos de promoción pública en las Glòries / Jordi Otix

La escalada de precios de la vivienda, en el mercado de compra y en el de alquiler, tiene consecuencias diversas en todos y cada uno de los subsectores y tipos de demanda residencial. Hace unos días analizábamos el incremento del número de personas que viven de alquiler en una habitación de un piso compartido: en algunos casos porque ese formato era el que se adaptaba mejor a sus circunstancias personales: estudiantes, jóvenes dando los primeros pasos de su emancipación, trabajadores de paso por la ciudad… En otros, simplemente por pura necesidad, alcanzando cotas de sobreocupación que no ofrecen las condiciones dignas de habitabilidad. El diario sigue hoy con su repaso las distintas realidades vinculadas a la crisis habitacional con otro indicador muy distinto. Uno que señala el impacto que tiene el encarecimiento de la vivienda de compra también en las personas que sí están en condiciones de acceder a la compra en propiedad, incluso en el actual contexto y muy a menudo haciendo un esfuerzo de financiación en los límites que la banca fija como riesgo crediticio asumible. La dificultad de asumir el precio por metro cuadrado que están alcanzando la mayor parte de los centros urbanos (y ya sus primeras y segundas coronas) por parte de los compradores hace que el mercado ajuste su oferta ofreciendo pisos de menores dimensiones. Un fenómeno que ya se produjo tras la crisis del ladrillo que empezó en 2009. Si durante el ‘boom’ inmobiliario previo proliferaron las promociones de entre tres y cuatro habitaciones como el producto estrella, los constructores ajustaron posteriormente sus modelos de pisos urbanos entre las dos y tres habitaciones.

En esta ocasión, este formato es el predominante, con el piso de tres habitaciones como objetivo principal, y el de dos como recurso en caso de no poder disponer de presupuesto: en la provincia de Barcelona, el 44% de las búsquedas de pisos disponibles son de tres habitaciones, por encima de las de dos (17,9%), cuatro (13%) y una (4,3%). Otra cosa es qué producto puede asumir finalmente el comprador, especialmente en Barcelona ciudad, donde las cifras probablemente primarán más los formatos de vivienda más reducidos. Pero lo que antes era una rareza (el ‘estudio’ de una habitación), ahora empieza a ser un recurso más frecuente. Un tercio de las promociones de vivienda en marcha en Barcelona incluyen algún piso de este formato, como una de las varias estrategias para mantener las promociones dentro de los presupuestos disponibles. Aunque en parte sus potenciales compradores sean inversores que puedan derivarlo hacia el alquiler. Otra de estas formas de adaptación a la baja de los metros cuadrados es, por ejemplo, el aumento de la fusión entre comedor, sala de estar y cocina. O el recurso al trastero de alquiler como una 'habitación' adicional.

El cambio de las fórmulas de unidad familiar esta también dentro de esta transformación, con un incremento de los hogares formados por una persona, o por parejas sin hijos; también en el mercado de lujo aparecen viviendas con una sola habitación (pero con otros muchos servicios), de hasta 1,35 millones de euros, en las que el factor precio no parece ser el motivo principal. Y en la construcción de promoción pública han crecido, y ya hace años, el número de pisos ‘compactos’, adaptados a jóvenes o ancianos. No se trata de normalizar la precariedad: entre las promociones de obra nueva que se ajustan a la carestía del mercado pero manteniendo los estándares de habitabilidad y los micropisos que conllevan condiciones de infravivienda, cuando no engaños que vulneran incluso las condiciones fijadas por las normativas de construcción, hay una línea muy clara. Lo único que tienen en común es su causa, una falta de oferta frente a la demanda existente cuya dinamización, en todas sus variantes, debería ser el objeto de todas las políticas públicas.