
Periodista
De Mick Jagger a Andy Warhol
El álbum 'Sticky Fingers' quedó unido para siempre a la cremallera real del artista neoyorquino y la lengua roja que se convertiría en el logotipo más famoso de los Rolling Stones

'Sticky Fingers', de Rolling Stones.
Hay cartas que se convierten en objetos históricos, como la de hoy. Antes de leerla, ya dice cosas. El papel es amarillento, casi dorado, con un membrete que parece más propio de una empresa de transportes que de un grupo de rock: The Rolling Stones LTD, 46A Maddox Street, London W1, y un teléfono escrito en grande al que, algún día, alguien respondía: “Oficina de los Rolling Stones, dígame”.
Debajo, mucho más discreta, está la dirección del destinatario: Andy Warhol, 33 Union Square, W.N.Y. 10003, New York. También es una dirección con historia. No vive allí cualquiera: trabaja allí el hombre que ya ha convertido las latas de sopa, Marilyn, Elvis y Jackie en imágenes del siglo XX. Y tampoco es un lugar cualquiera: es la Factory de Union Square, la segunda Factory, el estudio donde Warhol había sido tiroteado por Valerie Solanas menos de un año antes.
La fecha es el 21 de abril de 1969. “Querido Andy”, empieza Mick Jagger. Y, a partir de ahí, no hay ninguna solemnidad ni ninguna frase para la posteridad. Ninguna conciencia aparente de que aquella página pudiera acabar reproducida en libros. Solo un encargo, un poco de prudencia y una confianza casi insolente.
“Estoy muy contento de que puedas hacer el diseño de nuestro nuevo disco de éxitos”, así empieza Jagger esta carta. No habla todavía de 'Sticky Fingers', el disco que acabaría llevando el sello de Warhol, sino de un “nuevo disco de éxitos”. Después añade: “Aquí tienes dos cajas de material que puedes utilizar, y el disco”. Le envía dos cajas con material y el disco. De Londres a Nueva York.
La carta contiene un consejo práctico del cantante de los Rolling que es el inicio de toda la historia que se esconde detrás. Jagger, con una falsa modestia aparente, escribe: “En mi corta y dulce experiencia...”. Y explica que cuanto más complicado es el formato de un álbum —“más complejo que simples páginas o desplegables”—, más problemas hay con la reproducción y más agónicos son los retrasos. Es el tipo de advertencia que cualquier persona razonable haría a un diseñador. El problema es que el destinatario es Andy Warhol.
Por eso la carta contiene una pequeña comedia anticipada. Jagger le dice, en el fondo: no lo compliques demasiado. Pero inmediatamente después concede, le da permiso para complicarlo todo. “Pero, dicho esto, lo dejo en tus hábiles manos para que hagas lo que quieras.” Lo dejo en tus hábiles manos para que hagas lo que quieras, ¡ay, Mick, que te estabas dirigiendo a Andy Warhol! Tal vez era una forma muy inteligente de seducción artística: Jagger sabe que a Warhol no se le pide obediencia, se le pide riesgo.
Todavía hay otra frase deliciosa. “Sin duda, un tal señor Al Steckler se pondrá en contacto contigo en Nueva York con cualquier información adicional.” Y añade que ese señor probablemente parecerá nervioso y dirá “dense prisa”, pero “no le hagas demasiado caso”.
El final es mínimo: “Con amor”, una firma grande, una X y el nombre subrayado: Mick Jagger. La carta termina antes de que empiece la historia.
Porque la historia vendrá después. Dos años más tarde, en 1971, los Rolling Stones publicarán 'Sticky Fingers'. Y la portada no será solo una portada. Será un primer plano de unos vaqueros masculinos, ajustados, con una cremallera real que se podía bajar. No era una imagen del deseo: era un mecanismo de deseo antes de escuchar el disco.
La broma es perfecta porque desobedece exactamente la advertencia de la carta. Jagger había avisado de que los formatos demasiado complicados traían problemas de producción y retrasos. Warhol acabó imaginando una cubierta que era un problema de producción en sí misma. La cremallera marcaba los discos, los rayaba y estropeó muchísimos. La portada agredía el producto que debía proteger, pero también lo convertía en una pieza inolvidable.
'Sticky Fingers' fue un éxito inmenso. Estaban 'Brown Sugar' y 'Wild Horses', canciones que incluso quienes no somos expertos en los Rolling Stones hemos oído alguna vez. El disco salió en 1971, llegó al número uno y quedó unido para siempre a dos imágenes: la cremallera real de Warhol y la lengua roja que se convertiría en el logotipo más famoso del grupo.
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