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Opinión | Personas mayores

Oriol Amat

Oriol Amat

Economista. UPF Barcelona School of Management

El valor económico de los abuelos

Los ancianos transmiten conocimientos, memoria y valores, y con frecuencia también proporcionan apoyo familiar

Dos abuelos pasean con su nieto.

Dos abuelos pasean con su nieto. / / EFE

Cuando pensamos en los abuelos, pensamos en afecto, familia y transmisión de valores. Pocas veces pensamos en economía y, cuando lo hacemos, pensamos en costes de salud y pensiones. Y, sin embargo, realizan una gran aportación que no aparece en las estadísticas.

La explicación es que, si se contrata a una persona para que cuide a los hijos, esta actividad forma parte del PIB. Si los lleva a una escuela infantil, también. Pero si lo hacen los abuelos, el PIB no lo contabiliza.

Los datos permiten ver la magnitud del fenómeno. Según el INE, en 2025 más de un millón de personas declaraban que cuidaban de nietos menores de 15 años. Los abuelos son, en muchos casos, una infraestructura informal de conciliación. En 2024, el 54,5 % de los niños menores de 3 años asistían a una escuela infantil, frente al 39,5 % en 2016. Pero los servicios formales no cubren a todo el mundo ni todas las horas necesarias.

Hay también una segunda aportación económica. Cuando un abuelo se queda con un nieto, no solo presta un servicio que tiene un valor. También puede ayudar a que otra persona trabaje. El valor es doble: el de los cuidados y el de la actividad laboral que facilita. En 2025, casi uno de cada cuatro ocupados que cuidaba de sus hijos realizó algún cambio en su trabajo para poder conciliar. Y solo el 18,2 % de las personas con hijos menores de 15 años utilizaba servicios profesionales para cuidar de todos sus hijos. Detrás de muchas jornadas laborales hay, por tanto, un apoyo familiar.

Varios estudios confirman que el apoyo de los abuelos puede facilitar la participación laboral de los hijos. Un estudio realizado en Italia ha constatado, por ejemplo, que la disponibilidad de las abuelas aumenta la participación laboral de las hijas. El resultado refleja también una realidad conocida: las tareas de cuidados siguen recayendo de manera desigual sobre las mujeres.

Este dato plantea una paradoja interesante. El envejecimiento de la población empuja a alargar las carreras laborales para reforzar la sostenibilidad de las pensiones. Pero, al mismo tiempo, muchos abuelos facilitan que trabajen las generaciones siguientes. Las políticas de pensiones, conciliación y empleo están muy relacionadas. Son millones de horas de trabajo no remunerado que generan bienestar y facilitan la actividad económica.

Y todavía hay otra dimensión. Los abuelos no son simplemente cuidadores gratuitos. Transmiten conocimientos, memoria familiar y valores. Y, en muchas familias, también proporcionan apoyo económico.

Además, la relación funciona en las dos direcciones. Los abuelos aportan cuidados y compañía, pero también reciben afecto, compañía y vinculación social. Las investigaciones muestran que compartir actividades con los nietos puede contribuir al bienestar de los abuelos. Pero una actividad demasiado intensa o asumida por obligación puede tener el efecto contrario.

Por eso, reconocer el valor económico de los abuelos no significa dar por hecho que deben estar siempre disponibles. Una cosa es ayudar a los hijos y disfrutar de los nietos. Otra es tener que sustituir unos servicios de conciliación insuficientes.

Esta cuestión será cada vez más importante. En España había, a principios de 2025, 10,18 millones de personas mayores de 64 años: el 20,7 % de la población. Una de cada cinco.

Habitualmente hablamos del envejecimiento desde el punto de vista de los costes: pensiones, sanidad, dependencia y sostenibilidad del Estado del bienestar. Son retos reales. Pero solo son una parte de la fotografía.

Las personas mayores también generan valor. Consumen, ahorran, pagan impuestos, hacen voluntariado, ayudan a sus familias, transmiten conocimientos y dedican tiempo a los demás. Muchas continúan trabajando o colaborando profesionalmente. Y muchas sostienen silenciosamente la conciliación de las generaciones siguientes.

Por eso, cuando hablamos del envejecimiento, no solo deberíamos preguntarnos cuánto cuesta tener una sociedad con más personas mayores. También deberíamos tener en cuenta todo lo que aportan. Los abuelos ayudan a las familias, facilitan la conciliación, transmiten experiencia y, muchas veces, hacen posible que los hijos puedan trabajar. Es una contribución enorme que apenas aparece en las estadísticas.

Una riqueza que, muchas tardes, está a la puerta de la escuela. El PIB no lo contabiliza, pero las familias saben muy bien lo que vale.