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Opinión | Fiestas de la Virgen María

Care Santos

Care Santos

Escritora

Panteísmo

La que fue borrada de la Biblia que me hicieron estudiar, pero que sigue ahí, en forma de madre generosa y a veces enfadona a quien tanto tenemos que agradecer

Virgen María.

Virgen María. / EPC

En Catalunya hay 96.765 mujeres que se llaman Maria o Miriam. 598.083 en todo el territorio español. Si sumamos los nombres compuestos, serían más de 6 millones. Pues bien, esta columna va por todas ellas, y también por las Miren, Maris, Miris, Mimís y por esa tía Maruja que todos hemos tenido.

He llegado a todas ellas leyendo sobre la estrecha relación que existe entre la virgen María y la naturaleza. Hace unos días una amiga me contaba su epifánico viaje a Fátima. Recordé un artículo donde se relacionaban los paisajes naturales (a menudo protegidos) con las apariciones marianas. Grutas, bosques y montañas han sido (y siguen siendo) escenarios frecuentes de estos fenómenos. Lugares ya venerados desde tiempo inmemorial, que la presencia de la virgen sacraliza al modo católico. Cambia el objeto de adoración -ya no es Tonatzin, sino Guadalupe; ya no es Inana, sino Astarté; ya no es Diana, sino María- pero existe algo ancestral, auténtico: el mismo monte donde la tierra toca el cielo y nos sobrecoge por su grandeza y su hermosura.

Esa espiritualidad de la naturaleza, que se manifiesta en el asombro, en la autorreflexión y en la conciencia de nuestra insignificancia me recuerda a aquello que Carl Sagan llamó "la espiritualidad científica". Hay ciertas cosas ante las que solo cabe el asombro. Solo podemos mirar, callar, venerar y agradecer. Sí, es cierto, que a menudo todo ello se asocia a la religión, pero también puede experimentarse desde otras partes. El ateísmo, el agnoisticismo, el apateísmo o mi favorito, el panteísmo. En suma, la espiritualidad reformulada en estos tiempos en que todo se reformula. Me siento muy predispuesta.

Las fiestas de la Virgen de agosto, que coinciden con la celebración de las cosechas, conectan con aquella Diosa Madre más arcaica, la de la fertilidad y la abundancia, la del triunfo sobre la muerte, la brava. La que fue borrada de la Biblia que me hicieron estudiar, pero que sigue ahí, en forma de madre generosa y a veces enfadona a quien tanto tenemos que agradecer.

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