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Al frente de la revolución cuántica

Barcelona es un clúster de primer nivel que trabaja en los tres apartados decisivos del cambio de paradigma

92 millones de euros y 210 puestos de trabajo: la británica OQC elige Barcelona para el centro de computación cuántica más grande del sur de Europa

La Generalitat invertirá 2,5 millones de euros anuales a impulsar las empresas catalanas de tecnologías cuánticas

MareNostrum Ona, la infraestructura cuántica alojada en la renovada capilla de Torre Girona junto al supercomputador MareNostrum 5.

MareNostrum Ona, la infraestructura cuántica alojada en la renovada capilla de Torre Girona junto al supercomputador MareNostrum 5. / BSC-CNS

Barcelona se revela como la capital de la computación cuántica en el sur de Europa, una percepción que se constata con los datos del European Centre for International Political Economy (ECIPE), que sitúa a la capital catalana y a su entorno metropolitano en la posición 36, a nivel mundial, de los clústeres cuánticos. Este logro, en un entorno altamente competitivo, con dos grandes potencias como Estados Unidos y China al frente de la revolución computacional, se entiende a partir de la apuesta catalana por una investigación de primer nivel y por la conciencia de la necesidad que el flujo de transferencia tecnológica sea inmediato y constante, desde las universidades y centros especializados a las empresas e instituciones.

Una exigencia para la investigación, incluso cuando es teórica y básica, es que pueda ser incorporada al mercado, aun con las dificultades financieras con que pueda encontrarse cuando es necesario movilizar una inversión cuantiosa. De las 52 empresas catalanas dedicadas a la computación cuántica que la agencia pública Acció contabilizó en 2024, con unos 91,4 millones de euros de facturación, la mayoría son start ups provenientes de centros pioneros como el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) o el Institut de Ciències Fotòniques (ICFO) que, desde sus inicios, y con participación pública y privada, se han erigido como referentes internacionales.

La particularidad que convierte a Barcelona en un clúster de primer nivel es que se trabaja en los tres apartados decisivos del cambio de paradigma cuántico, que va más allá del tradicional sistema binario y codifica la información en base a los llamados 'cúbits', una combinación permanente de los estados a partir de la aplicación en la práctica de la teoría de la física cuántica. Por un lado, la propia computación, que implica fabricación de chips y maquinaria y desarrollo de ordenadores (es el caso de la empresa Qilimanjaro); por otro, la oportunidad que abre para nuevas formas de encriptación y transmisión de la información (como Luxquanta); y, en tercer lugar, la elaboración de sensores cuánticos de visión que aseguran mediciones mucho más precisas (Qurv). Esta conjunción de investigación y transferencia tecnológica permite abordar problemas complejos con más celeridad y exactitud; desarrollar nuevos fármacos; observar con detalle el mundo microscópico, simular realidades a partir de gemelos digitales, como por ejemplo en los estudios moleculares; aumentar el nivel de seguridad digital; detectar biomarcadores complejos; o diseñar nuevos materiales, con incidencia en múltiples sectores, desde la salud a la aeronáutica.

Los retos que Barcelona y Catalunya tienen planteados de caras a un futuro inmediato es pasar del "evidente liderazgo científico", en palabras del conseller d'Empresa i Treball, Miquel Sàmper, a un "liderazgo empresarial para generar industria". Es decir, conseguir que la incipiente capacidad tenga sentido y viabilidad. Para ello, la Generalitat ha anunciado una inversión de 43 millones de euros hasta el 2030, una cantidad importante pero no suficiente, en un sector en el que las inversiones crecen exponencialmente. Es imprescindible la movilización de capital privado para evitar deslocalizaciones, fuga de talentos y dificultades financieras, así como el acceso a los fondos específicos de la UE. La tecnología cuántica se validará a medio plazo, pero es urgente que desde ahora mismo, para que Barcelona pueda mantener su rango y atractivo, internacional, sigan yendo de la mano la ambición científica y la mentalidad empresarial. Europa ya ha llegado tarde a revoluciones como las de la IA, pero esta vez aún podemos llegar a tiempo a ser protagonistas de la "efervescencia cuántica".