
Periodista
Una borrega más
Estar siempre enfadadas y guerreando es agotador. A veces también necesitamos dejarnos llevar, formar parte de algo superficial y disfrutar sin más

Decenas de personas durante el eclipse del 12 de agosto en Ibiza. / Germán Lama / Europa Press
Hay algo extraño y a la vez maravilloso en esos momentos en los que medio mundo parece estar pendiente de lo mismo. Pasa con la final de un Mundial de fútbol o con un eclipse total de Sol. Yo acabo de volver de Menorca, donde lo he visto rodeada de cientos de personas encima de una roca en medio del mar. Habíamos comprado billetes, buscado el lugar perfecto, consultado mapas, previsiones meteorológicas y aplicaciones para saber exactamente dónde colocarnos. Durante unos minutos todos estábamos pendientes de lo mismo. Y fue precioso. Energéticamente brutal. Pero mientras miraba a toda aquella gente pensé: si somos capaces de desplazarnos cientos de kilómetros para ver cómo la Luna tapa el Sol durante unos minutos, ¿por qué no hacemos lo mismo para parar una guerra, protestar contra la especulación inmobiliaria o luchar contra el machismo?
Y la respuesta me la ha dado la trabajadora de un bar del aeropuerto de Menorca. Mi vuelo salía con retraso y me he sentado en un restaurante donde apenas había gente para hacer tiempo mientras consultaba mi correo con el móvil. Y una camarera, de muy malas maneras, me ha echado porque no estaba consumiendo. Me ha sentado fatal. Durante unos segundos he pensado en entrar en Google y escribir una reseña poniéndola a parir. Pero no lo he hecho. Y no porque la mujer me diera pena. No. No lo he hecho por mí. Porque no me apetecía gastar energía en algo que me había hecho sentir mal. Escribir la reseña significaba volver a enfadarme, reconstruir la escena, buscar el establecimiento y alimentar un malestar que ya había pasado. Y quizá ahí esté parte de la respuesta. La diversión seduce. La indignación agota. La vida es corta. Tenemos trabajos, problemas, hipotecas, hijos, padres, facturas y suficiente mierda cotidiana como para meternos voluntariamente en otro conflicto cada mañana. Por eso es tan importante decidir en qué batallas te metes y en cuáles no. No podemos estar siempre enfadadas y guerreando. Es agotador. A veces también necesitamos dejarnos llevar, formar parte de algo superficial y disfrutar sin más. Sentirse parte de una comunidad sienta bien. Así que sí, soy una borrega más, con un millón de fotos del eclipse en el móvil que no voy a volver a mirar jamás.
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