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Opinión | Efeméride

Sin hablar del eclipse

Un día como hoy, 12 de agosto de 2026, puede romperse la primera regla de un columnista: no escribir de un futuro previsible que será desmentido por la realidad al publicarse la columna

Todo sobre el eclipse solar de 2026: a qué hora es, cuánto dura y dónde se verá mejor

Una treintena de investigadores de la NASA y del Exploratorium de San Francisco han 'tomado' Villalibado, un pueblo semiabandonado de la provincia de Burgos para seguir el eclipse.

Una treintena de investigadores de la NASA y del Exploratorium de San Francisco han 'tomado' Villalibado, un pueblo semiabandonado de la provincia de Burgos para seguir el eclipse. / Santi Otero

El columnista tiene dos reglas que nunca debería romper. La primera es no escribir de un futuro previsible que será desmentido por la realidad al publicarse la columna. Por ejemplo: "Es probable que X gane hoy las elecciones, y ya sabemos qué futuro nos espera". Cuando los lectores leen la columna ya saben que X ha perdido las elecciones y ya saben qué futuro le espera al columnista. La otra regla puede dividirse en dos. No escribas de lo que todo el mundo escribirá. Es demasiado previsible, ya ha habido expertos que han hablado de ello con mayor conocimiento de causa y, además, el lector ya está harto de variaciones sobre el tema. Por ejemplo: los incendios del verano o la llegada de inmigrantes a Ceuta. La opción B es escribir justamente de lo que sabes que está en el top cinco de la actualidad. No puede ser que el lector crea que no estás al día. Eso sí, hazlo con una perspectiva nueva y original, por difícil que sea.

Sin embargo, la primera regla se puede romper en un día como hoy, 12 de agosto. Habrá un eclipse solar. No sabes a ciencia cierta si el cielo estará nublado, pero el eclipse estará ahí. No hablamos de nada más y, a estas alturas, sabemos todos los detalles: la hora, el porcentaje de oscuridad, el recorrido del fenómeno, la necesidad de disponer de gafas homologadas. A lo largo de la historia, las tinieblas momentáneas que viviremos han sido fuente de observación científica, preludio y anuncio de terribles desgracias, herramienta de dominación (la información es poder), conciencia de vivir en un cosmos abrupto, pero regular, y admiración ante la maravilla impuesta, inalterable, constante de la naturaleza. También se ha vivido como un azar o una casualidad, una sorpresa sobrevenida, o bien como la constatación de la eficacia de los cálculos astronómicos. Todo depende, como decíamos, de la información a nuestro alcance.

En cuanto a la segunda regla, trataré de hablar del eclipse sin hacerlo. El mundo, al menos el mundo más cercano, se dividirá en dos tipos de personas. Quienes hayan visto la interposición de la Luna entre la Tierra y el Sol y quienes se hayan quedado en casa, quizá involucrados ferozmente en ejercicios amatorios o acurrucados en el sofá, quizá mirando la retransmisión del fenómeno en directo o quizá mirando la repetición de un partido del Mundial. Hablando de fútbol, el gran Bill Shakly, mánager perpetuo del Liverpool decía que si el Everton (el rival más odiado) jugara una tarde en el jardín de su casa se recluiría dentro y bajaría persianas y cerraría ventanas para no ver el partido.

Esto también ocurrirá. Habrá gente que no querrá saber nada del eclipse, que se empeñará en llevar la contraria. Y se dará el caso de que, con los años, mientras los abuelos recordarán con los nietos la gran magnificencia espectacular del universo, los que quisieron hacer ver que no había para tanto también rememorarán que no hicieron nada especial, aquel miércoles, 12 de agosto de 2026. Así se crean las efemérides, la memoria colectiva. Todos podremos decir dónde estábamos y qué hacíamos (o qué no hicimos) tal día como hoy.

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