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Al límite de la capacidad

El aeropuerto de Barcelona-El Prat bate su récord de conexiones directas con Asia

El aeropuerto de Barcelona-El Prat bate su récord de conexiones directas con Asia / Ferran Nadeu

La Organización Europea para la Seguridad de la Navegación Aérea (Eurocontrol) prevé que este verano algunas zonas de control del espacio aéreo español excedan el número de vuelos que son capaces de gestionar, una saturación que tendrá que combatirse con medidas adicionales de ordenación del tráfico y más controladores, y con una modificación del tiempo de espera o de acceso a los conocidos como ‘slots’, las franjas de tiempo en que se distribuyen los permisos de despegue y aterrizaje. Porque la capacidad de un aeropuerto para acoger aviones y pasajeros no viene solo determinada por su estructura y su tamaño, aspectos que centran los debates sobre el futuro de estas infraestructuras, sino por otros muchos elementos de los que depende el volumen de operaciones que la terminal es capaz de llevar a cabo en las horas de mayor demanda.

En el caso de muchos aeropuertos españoles coinciden las insuficiencias de las instalaciones físicas con el crecimiento del tráfico aéreo que, especialmente en épocas como esta (de primeros de agosto a mediados de septiembre) se acerca críticamente al límite de su capacidad. Esta saturación es uno de los aspectos a analizar ante los datos que proporciona el operador aeroportuario Aena referidos a la capacidad de las principales terminales españolas. Siete de los aeropuertos más importantes del país vivieron en 2025 por encima de sus posibilidades, hasta más del 100% de las previsiones. Tres más (Madrid-Barajas, Palma y Lanzarote) se mantuvieron por poco en la frontera, rozando el límite. El caso más destacado es Sevilla, pero Barcelona-El Prat también está en estos ‘números rojos’. Con una capacidad anual de operaciones de 55 millones de pasajeros, en 2025 llegó a los 57’5 millones reales. Teniendo en cuenta las cifras de turistas que recalarán en España este año (según las previsiones, se llegará a los 100 millones), y teniendo también en cuenta que el 80% de ellos utilizan el transporte aéreo, es fácil deducir que aún se excederá en un porcentaje mayor la capacidad del Prat.

Esta situación no implica un colapso inmediato, puesto que en el cálculo de la capacidad inciden factores de gestión para evitar la saturación, como la optimización de las horas valle y las medidas adicionales de ordenación del tráfico que pueden implantarse sin necesidad de ampliar la estructura. En el caso de Barcelona-El Prat, sin embargo, se hace más necesaria que nunca la prometida ampliación de la pista cercana al mar y la nueva terminal satélite como solución a los problemas de espacio del equipamiento. En el Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA III) pendiente de aprobación por el Consejo de Ministros, Aena plantea un aumento final de las operaciones, que pasarán de las 78 actuales a las 90 diarias, y de la capacidad, que será de 80 millones de usuarios, con una inversión global de 3.200 millones de euros, 1.800 de los cuales ya están presupuestados para el período 2027-2031, con la renovación de la T2, la ampliación de la T1 en 70.000 m2, y la remodelación de diversos espacios, mientras queda en el horizonte la ampliación de 500 metros de pista en La Ricarda, eje central del proyecto, para la que es difícil encontrar alternativa.

La mejora de otras infraestructuras, desde el tren a las autopistas, tiene que evitar que se consolide un cierto sentimiento de deterioro del país como destino deseado de vacaciones del que alerta el Barómetro de Percepción Turística.