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Actuar ya para ganar el futuro

La electricidad solo alimenta el 25% del consumo energético en España, y aunque el desarrollo de las renovables sigue a buen ritmo, la necesaria electrificación de más sectores industriales y del consumo doméstico y de movilidad debería aumentar este porcentaje a un ritmo aún mayor

El municipio de Vandellòs (Baix Camp)

El municipio de Vandellòs (Baix Camp) / Joan Revillas

Los municipios que acogen las centrales nucleares activas en Catalunya, Ascó I y II y Vandellòs II, llevan ya unos años desplegando iniciativas para desarrollar actividades económicas, desde el turismo al sector agroalimentario de calidad, que complementen el peso que, más allá de su aportación a la economía general, tienen en su entorno. En el mercado laboral local, en la fijación de la población en el territorio, con 4.000 empleos directos e indirectos, y en los ingresos que sostienen los servicios municipales. En este proceso de diversificación tienen un papel central los Fondos de Transición Nuclear (FTN), una compensación procedente de la fiscalidad de la energía que llega ahora a su cuarta convocatoria. Con el objetivo de preparar a las comarcas afectadas frente a las fechas previstas para el apagón nuclear (Ascó I en 2030, Ascó II en 2032 y Vandellós II en 2035), los FTN habrán repartido ya, incluyendo la partida de 35 millones de euros para 2026 que ha activado la Generalitat, más de 120 millones de euros para financiar la diversificación económica de la zona.

Con esta aportación se financian desde pequeñas iniciativas de reindustrialización local, como la renovación de maquinaria de una imprenta con cinco trabajadores, de modernización, como una empresa de creación de ‘software’ vinculado a la energía, o proyectos de envergadura de país como el Centre d’Innovació, Recerca i Formació en Eficiència i Energies Renovables (Cirfer), una institución que quiere seguir ofreciendo empleo altamente cualificado manteniendo a Vandellòs y L’Hospitalet de l’Infant en el nuevo mapa que se abre con la transición energética. En la misma región de las Terres de l’Ebre, un proyecto de escala aún mayor, la gigafactoría de IA en Móra la Nova, que compite por atraer fondos por valor de 5.000 millones de euros de la Unión Europea, es el mayor proyecto en el horizonte para hacer que la actividad económica alimentada por la energía que se genera en estas comarcas se desarrolle también en ellas.

Sin embargo, el horizonte del apagón nuclear que hizo imperativo poner en marcha estas iniciativas de reemplazo está lejos de ser seguro. Solo para empezar, el posible aplazamiento del primer cierre en ciernes, el de Almaraz, arrastraría todo el calendario que debería seguir. Pero se están acumulando las razones para dudar de todo el proceso. La electricidad solo alimenta el 25% del consumo energético en España, y aunque el desarrollo de las renovables sigue a buen ritmo, la necesaria electrificación de más sectores industriales y del consumo doméstico y de movilidad debería aumentar a un ritmo aún mayor del actual este porcentaje. Y hay razones para argumentar que, al menos durante un proceso de transición más largo del esperado, la energía nuclear (que en Catalunya aportó en 2025 el 56% del consumo de electricidad) siga siendo un respaldo necesario para alimentar ese incremento de la demanda y la estabilidad de un sistema de distribución que aún debe acomodarse a discontinuidad que implican las fuentes de energía renovable.

Las iniciativas de reindustralización de las Terres del Ebre resultan vitales en la perspectiva de que el calendario del apagón nuclear se cumpla. Pero serían igualmente necesarias para asegurar el futuro de esas comarcas si se aplaza el cierre de las centrales hasta que agoten realmente su vida útil a un coste competitivo, o las alternativas estén maduras para satisfacer una demanda creciente, algo que de momento no resultan tan inmediato como se pudo prever hace unos pocos años. O incluso si la demanda energética y la evolución de la tecnología (en coste, eficiencia, seguridad, suministro y almacenamiento de los residuos) evoluciona hasta dar, incluso, una segunda oportunidad a la opción nuclear, en la que su entorno local pueda ser no solo generador, sino consumidor, garantizando así su futuro con progreso y trabajo.

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