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Opinión | Conflictos mundiales
Josep Borrell

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Presidente del Cidob

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Un verano en crisis

Los problemas estructurales no nos darán tregua este verano, en particular los causados por el calentamiento atmosférico y los desequilibrios demográficos y económicos

Mientras nosotros estamos absorbidos por nuestros apuros, en Gaza dos millones de personas siguen intentando sobrevivir en condiciones extremadamente precarias

Un nen palestí observa un edifici destruït ahir durant un atac d’Israel al camp de refugiats de Maghazi, al centre de la Franja de Gaza. | EIAD BABA / AFP

Un nen palestí observa un edifici destruït ahir durant un atac d’Israel al camp de refugiats de Maghazi, al centre de la Franja de Gaza. | EIAD BABA / AFP

Sobre un fondo de progreso tendencial manifestado, por ejemplo, en el aumento mundial de la esperanza de vida y la reducción de la pobreza extrema, los problemas estructurales no nos van a dar tregua este verano. En particular los causados por el calentamiento atmosférico y los desequilibrios demográficos y económicos de nuestro entorno.

Apenas controlados los desoladores incendios, se produce el asalto de decenas de miles de personas a la frontera de Ceuta. Y vemos como la presión sobre una parte de la frontera exterior de la UE no se ha considerado como una responsabilidad común, sino que ha producido una alarmante quiebra de la solidaridad europea, con críticas sin fundamento de algunos países, en particular Italia, por razones ideológicas o de oportunismo político.

Al final las críticas a España quedaron en nada en la reunión del Consejo de Ministros del Interior, pero el daño a la imagen de la unidad europea ya estaba hecho. Y mientras, los frentes de conflictos bélicos no mejoran o empeoran. En Gaza continúa la contradicción dramática entre los discursos y los hechos. Nueve meses después del acuerdo apadrinado por Trump sobre un alto el fuego que debía poner fin a la guerra, 1.200 palestinos han muerto bajo los bombardeos de Israel que ha aumentado su control sobre la franja ocupando ya más del 70% de su territorio.

Ahora, Trump anuncia un nuevo acuerdo para el desarme de Hamás. Pero simultáneamente, los intensos bombardeos causan 18 muertos en Gaza en una de las jornadas más mortíferas de las últimas semanas. Los ministros radicales del Gobierno de Netanyahu siguen proclamando que el objetivo es el control total de la Franja. A pesar de los triunfalistas anuncios de Trump, el equipo de tecnócratas palestinos que surgió de su Consejo para la paz no ha sido autorizado para entrar en Gaza y el despliegue de la fuerza internacional tampoco se ha producido.

En realidad, cualquier avance en Gaza depende de lo que decida el gobierno de Netanyahu pero este está más preocupado por las elecciones legislativas del próximo octubre que van a contribuir a la radicalización la sociedad israelí. Así, mientras nosotros estamos absorbidos por nuestros problemas, en Gaza dos millones largos de personas siguen intentando sobrevivir en condiciones extremadamente precarias en medio de las ruinas, de la basura y las enfermedades. Y la destrucción sistemática del sur del Líbano continua para evitar que la población desplazada por la guerra pueda volver a sus casas.

En la Cisjordania ocupada, lo que viven actualmente los palestinos supera la violencia ordinaria y corresponde exactamente a la definición de terrorismo. Se trata de crear un impacto psicológico, infundir un sentimiento de miedo, de inseguridad permanente, hacerles comprender que el Estado de Israel no está abierto a ningún compromiso y que deben renunciar a toda aspiración de independencia.

Esta violencia aterroriza a comunidades, a pueblos enteros al atacar sus mezquitas, sus infraestructuras agrícolas o económicas, al confiscar tierras o agredirlos físicamente. Aunque los autores de estos actos sean grupos reducidos tienen del apoyo de gran parte de los demás colonos instalados en la Cisjordania ocupada por razones económicas. Y pocos son los países europeos qué han prohibido las importaciones desde esas colonias ilegales.

En Irán, Trump sigue perdiendo lo poco que le queda de su credibilidad, mientras un día anuncia que va a retomar los bombardeos de una forma apocalíptica y al día siguiente que está en una fase de negociación que permitirá reabrir el estrecho de Ormuz. Mientras, las bolsas siguen bailando al compás de las expectativas que esos anuncios producen sobre el precio del petróleo.

En Ucrania, Kiev continúa sus ataques de largo alcance sobre el territorio ruso con la esperanza de asfixiar su economía. Y Rusia intensifica los bombardeos contra las ciudades ucranianas aprovechando el agotamiento de sus reservas de misiles antiaéreos. La guerra en Oriente Medio ha disparado la demanda y para Washington sus clientes del Golfo -que pagan al contado- tienen prioridad.

En este escenario, no cabe esperar mucho de la UE en Oriente Medio. Pero nuestra ayuda a Ucrania seguirá siendo vital para su supervivencia.

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