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Opinión | CORTO Y AL PIE
Gemma Martínez

Gemma Martínez

Directora de EL PERIÓDICO

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Seis millones de horas menos de burocracia

La burocracia dificulta la construcción de viviendas.

La burocracia dificulta la construcción de viviendas. / Jordi Bedmar / Govern

La burocracia es un impuesto invisible que se paga con la moneda más escasa hoy en día, el tiempo. Algunos trámites son imprescindibles porque garantizan derechos y aportan seguridad jurídica a los usuarios. Pero también abundan los que solo obligan a ciudadanos y empresas a malgastar horas demostrando a la Administración algo que la propia Administración ya sabe. Por eso merece atención que el Govern haya hecho de la simplificación administrativa una prioridad. En el ecuador del mandato, ha reformado 170 trámites y aspira a llegar a 210 antes de que termine la legislatura, como explica Quim Bertomeu.

La eficacia de esa apuesta se entiende mejor cuando se baja al detalle. Ahora, un paciente puede firmar desde casa el consentimiento para una operación sin ir días antes al hospital solo para estampar una firma. Los docentes, por su parte, pueden gestionar las sustituciones desde una aplicación móvil. Al mismo tiempo, el Govern ha eliminado 1.800 formularios en PDF, sustituyéndolos por otros interactivos que evitan descargar, rellenar y volver a subir el mismo documento.

Puede parecer un avance menor, pero su efecto, sumado, es enorme. El Govern calcula que estas medidas permitirán ahorrar más de seis millones de horas en gestiones administrativas. Seis millones de horas liberadas para trabajar, emprender, estudiar o conciliar.

Pero el ahorro de tiempo es solo la parte visible de la reforma. Reducir la burocracia también acelera inversiones, facilita la actividad de empresas y autónomos y eleva la competitividad. Además, fortalece algo más frágil y valioso, la confianza de la ciudadanía en las instituciones. Cada trámite innecesario transmite la sensación de que el sistema público está más preocupado por protegerse a sí mismo que por servir al ciudadano. Así se acaba abonando el terreno a la antipolítica. La mejor respuesta es devolver a los ciudadanos el tiempo que nunca debieron perder.

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