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Opinión | Desperfectos
Valentí Puig

Valentí Puig

Escritor y periodista.

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El vecindario norteafricano

Ante la crisis desastrosa de Ceuta, el ministerio del Interior queda desbordado y, el de Exteriores, sin cintura. El realismo no puede ir a la par con el ilusionismo

El Ejército toma los barrios en Ceuta

FOTODELDIA CEUTA (ESPAÑA), 31/07/2026.- Un grupo de inmigrantes en la playa junto al paso fronterizo del Tarajal en Ceuta este viernes, donde se han registrado violentos enfrentamientos en los perímetros fronterizos durante su intento de acceder desde Marruecos hacia Ceuta y Melilla. EFE/ Reduan Dris

FOTODELDIA CEUTA (ESPAÑA), 31/07/2026.- Un grupo de inmigrantes en la playa junto al paso fronterizo del Tarajal en Ceuta este viernes, donde se han registrado violentos enfrentamientos en los perímetros fronterizos durante su intento de acceder desde Marruecos hacia Ceuta y Melilla. EFE/ Reduan Dris / Reduan Dris / EFE

El espigón del Tarajal ha entrado en los titulares cuando aún llameaban los incendios más desastrosos en la Comunidad de Madrid. Sea por cálculo o por omisión de la autocracia marroquí, la llegada abrupta de 50.000 jóvenes marroquíes nos recuerda que una nación se protege a sí misma evitando que otras naciones puedan hacerle chantaje, como sabían los grandes gobernantes, entre ellos Churchill. Ante la crisis desastrosa de Ceuta, el ministerio del Interior queda desbordado y, el de Exteriores, sin cintura. El realismo no puede ir a la par con el ilusionismo. Después del “papeles para todos” de Zapatero, esa imagen de miles de marroquíes llegando a España a nado es un riesgo para la seguridad nacional.

En el momento en que, después de incontables dilaciones, se va perfilando una política inmigratoria común en la Unión Europea, las conveniencias de Mohamed VI, contrariado por el viaje de Pedro Sánchez a Argelia, se suman a la situación de desgobierno que va percibiendo el electorado hispánico. Ahí Giorgia Meloni ya ha metido baza pidiendo la suspensión del espacio Schengen con España, mientras que en Frontex –organismo europeo para la inmigración- parpadean todas las luces de alarma. Según las encuestas, la inmigración en masa es una de las cuestiones que más inquieta a la ciudadanía. Eso agrava aún más el impacto de la nueva regularización iniciada por el Gobierno de Pedro Sánchez, desproporcionada y caótica, como la mayoría de acciones de gobierno en este 'annus horribilis' de tribunales, Koldos y Leires, joyas de procedencia desconocida y derrotas electorales. Algún analista desmesurado podrá deducir que Sánchez aprovecha para dar empuje a Vox en demérito del PP y para asegurarse su rol como líder anti-Trump, pero la hipótesis más generalizable es la de desgobierno, sin presupuestos y con un PSOE descolocado al máximo. Aunque tarde, aún es hora de urdir un sistema de boyas y redes que sirva como frontera tangible en Ceuta, a diferencia de la doctrina jurídica que no acepta las 'devoluciones en caliente' a quienes sean interceptados en el mar.

Con todos los precedentes en las relaciones hispano-marroquíes, desde las confrontaciones bélicas en tiempos pasados, Hasán II impulsó la Marcha Verde en el peor momento para España –Franco, hospitalizado; poderes traspasados al príncipe Juan Carlos-. En 2002, un destacamento marroquí tomó el islote de Perejil, lugar para pasto de cabras, y España tuvo que desalojarlo. Entonces, el Gobierno de Aznar tuvo la complicidad de Washington –y la obstrucción de Chirac- pero, en estos momentos, el amigo de América es Mohamed VI. En 2021 llegó una gran avalancha migratoria por mar, ya en tiempos de Sánchez, pero aquella experiencia no parece haber servido para prever de alguna manera la avalancha de estos días. Los ceutís se merecen algo mejor, como los andaluces necesitarían más seguridad frente al narcotráfico que Marruecos no para. Con largos meses antes de unas elecciones generales, la zozobra no es el mejor estado de ánimo para una sociedad que intente ser competitiva, fiable y segura.

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