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Opinión | Verano

Agnès Marquès

Agnès Marquès

Periodista

Angosto

El problema es que en agosto uno tiene que hacer realidad todo lo que imaginó en junio

Una de las playas de Barcelona

Una de las playas de Barcelona / JORDI OTIX

No es por ser mala sombra, pero –bienvenido, agosto!-- lo mejor del verano ya ha pasado: ¡lo siento!. Lo mejor es la ilusión de junio y el simulacro agónico de julio. El deseo, vaya. La confirmación tiene su qué, ¡claro, claro!, sobre todo porque es imprescindible, necesitamos parar y descansar para volver al ruedo y a la rueda.

El problema es que en agosto uno tiene que hacer realidad todo lo que imaginó en junio. Descansar, leer, bañarse, enamorarse, no mirar el teléfono, llevarse bien con la familia, recuperar a los amigos y volver convertido en una versión mejor de sí mismo. Treinta y un días para salvar el año. No es un mes, es una prueba de rendimiento con crema solar.

Hay quien, incluso, aprovecha para hacer lista de nuevos propósitos para septiembre. Oh, Dios. Todavía no hemos conseguido dormir ocho horas seguidas y ya estamos pensando en apuntarnos a pilates, ordenar los armarios y ser más asertivos. También en agosto uno puede fracasar por adelantado.

Lo de desconectar es ya de otro tiempo, de cuando en las noticias nos advertían de que ese día superaríamos los 30 grados, quizá rozando los 32. En las redacciones, los periodistas hablábamos de las “serpientes de verano”, las noticias intrascendentes que abundaban en los medios de comunicación mientras no pasaba nada importante. Qué decir de ahora, si han llegado hasta este artículo habrán recorrido el resto del periódico, ya se ve cómo está el mundo.

Se lo agradezco, por cierto, lo de seguir leyendo el periódico. O escuchar las notícias en la radio, también. Porque en agosto uno pretende no enterarse de nada y acaba hinchándose a vídeos y noticias de dudoso rigor en las redes mientras intenta encontrar la postura sobre la toalla. El ejemplo más reciente, el asalto a Ceuta. Los medios ya no sólo informan, también tienen que dedicarse a desmentir vídeos falsos, manipulados o reutilizados de otros lugares y momentos. Querer estar informado es una actitud responsable, y todo un reto para encauzar las conversaciones de chiringuito amenizadas con bulos rebozados de arena.

Agosto es angosto. El deseo era espacioso, cabía todo el verano dentro. La realidad, en cambio, siempre ocupa más. Así que no intentemos salvar el año, con salvar el día basta. Felices vacaciones (aunque nos encontraremos por aquí los sábados con historias epistolares. ¿A quien le van a escribir una carta este verano?).

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