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Opinión
Albert Soler

Albert Soler

Periodista

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Boletín del exilio (III)

Los catalanes podemos delinquir sin mesura, que ahí está Sánchez para arreglarlo, por lo menos mientras necesite nuestros votos

Auge, caída e indulto de Laura Borràs

Laura Borràs en una imagen de archivo.

Laura Borràs en una imagen de archivo.

Al final, Laura Borràs no tendrá que exiliarse, lo cual es una suerte para mí, si hubiera elegido cala Montgó para su exilio en lugar de Waterloo, como su jefe, no habría en la playa tumbona capaz de albergar toda su inmensidad, eso por no añadir que al menor movimiento taparía el sol a la mitad de los bañistas, menudo eclipse. Gracias al indulto concedido graciosamente -en todos los sentidos- por Pedro Sánchez, la -según sentencia judicial- corrupta expresidenta del Parlament, no deberá pisar la cárcel. Los indultos es lo que tienen, que ya los antiguos reyes los usaban a su antojo, y Sánchez no iba a ser menos que un monarca. Un indulto beneficia más a quien lo concede que a quien lo recibe, ya que es una manera de mostrar al mundo que es más poderoso que nadie, mucho más que la justicia, la igualdad y la democracia, y aunque eso Sánchez ya lo sospechaba, siempre es bueno confirmarlo, así uno se va a dormir sabiéndose por encima del bien y del mal.

Puede haber ocurrido que Sánchez pensase que la tal Borràs es socialista, de ahí el indulto. Es un error comprensible, tal como están los tiempos es normal que, cada vez que se dicta una nueva condena, por la fuerza de la costumbre el pobre Sánchez piense que se trata de alguien de su familia o de su partido. No puede estar en todo, es un hombre tan ocupado que casi al mismo tiempo tenía que pensar en la graduación de la niña en Londres, es que se le junta todo y así no hay manera de gobernar.

Sea cual sea la razón, el indulto nos beneficia a todos, también a usted, querido lector. No es que por fin haya llegado el día en que los catalanes lo tengamos todo pagado, como dijo aquél, sino que la realidad es mucho mejor: los catalanes podemos delinquir sin mesura, que ahí está Sánchez para arreglarlo, por lo menos mientras necesite nuestros votos. Entre tenerlo todo pagado y poder robar a destajo sin temor a la justicia, no hay color, con el robo podemos ir mucho más allá de la simple necesidad, incluso más allá del capricho.

- Se le declara culpable de robo, malversación y fraude. ¿Tiene algo que añadir el acusado?

- Si, señoría. Que soy catalán.

- Haber empezado por ahí. Dejen a este hombre en libertad. Total, ni siquiera iba a entrar en la cárcel.

En el mismo consejo de ministros se indultó, además de a la descomunal política lacista, al exalcalde socialista de Linares y a un gestor cultural, ambos con penas de prisión por un quítame allá estos dineros. No es que a Pedro Sánchez le importasen en absoluto ninguno de los dos, ya que no tienen votos que ofrecerle en el Congreso, pero sirven para disimular. En la obra teatral 'La Torna' -por la que Boadella fue sometido a un consejo de guerra y condenado-, la compañía Els Joglars relataba la ejecución de un delincuente común para disimular la de Puig Antich. La muerte del pobre delincuente era solo la torna (el añadido o el redondeo) para encubrir la del anarquista. El alcalde de Linares y el gestor cultural indultados por Sánchez son a su vez la torna que disimula el indulto de Laura Borràs. Indultarla solo a ella sería escandaloso -más todavía- y, puestos a buscar a un par de tipos que sirvan de redondeo, mejor que sean un socialista y otro que esté a buenas con el régimen, así todo queda en casa.

En España no hay como ser catalán o socialista para que el delito salga gratis. Con la que le viene encima, seguro que Zapatero se habrá sentido aliviado al ver cómo trata el Gobierno a sus amigos. El indulto a una corrupta de las dimensiones de Laura Borràs ha sido como si el propio Sánchez le susurrara al oído “no te preocupes José Luis, por unas joyas y unas comisiones de nada no vas a pisar la trena, aquí estoy yo”. O como si, tras una noche de amor, le musitase a Begoña “no te inquietes, cariño, mientras yo sea presidente, tu duermes cada día en mi cama y no en el catre de una celda”. Eso, si no lo redondea con otra carta a la ciudadanía renovando su profundo amor. Así da gusto.

Lo que para unos es un indulto, para la mayoría de la gente ha sido un insulto, pero eso da igual, no vamos a preocuparnos ahora por la opinión de los ciudadanos. De esos no interesa más que el voto, y cuando voten, ya no se acordarán.

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